Campol (Huesca)

Ubicado en el sector más oriental de la subcomarca de La Solana, se asienta el hermosísimo pueblo de Campol, a 1070 metros de altitud sobre una estrecha y alargada faja del terreno por encima del barranco A Espuña.
Pertenecía al ayuntamiento de Burgasé y tenía como agregados los barrios de San Felices, Puyuelo, Villamana y San Martín de Solana.
Nueve viviendas conformaron la población (siete de vecinos, más la casa de la escuela y la casa cural).
Su nomenclátor poblacional menciona que contaba con 50 habitantes a mitad del siglo XX teniendo a partir de entonces un descenso vertiginoso que concluyó con su despoblación en la década de los años 60.
Tuvieron luz eléctrica desde los años 40 por medio de una línea proveniente del molino de Jánovas.
Para consumo de agua tenían una fuente (O Paco) a diez minutos de Campol. Por medio del pueblo pasaba una acequia que venía desde el barranco O Furco y servía para beber los animales y regar los huertos. Para lavar la ropa, las mujeres bajaban hasta el barranco Espuña.
Los inviernos eran bastante duros en Campol con dos o tres nevadas al año que duraban varios días y que superaban el medio metro de espesor.
Sus fincas de cultivo estaban sembradas principalmente de trigo, y en menor cantidad de ordio y avena. Se bajaba a moler el grano al molino de Jánovas y en los últimos tiempos a la harinera de Boltaña.
Todas las casas tenían su horno para hacer el pan.
La oveja era el animal sobre el que se sustentaba la ganadería. Venían los carniceros de Boltaña a comprar los corderos.
En época de matanza se sacrificaban dos cerdos al año en cada casa. Alguna familia solamente uno.
La perdiz y el conejo eran los reclamos para los aficionados a la caza.

A Artigaza
A Celata
A Collata
A Pera
A Plana
A Viña
As Peñetas
Camino de San Martín
Camino de Yeba
Campaniellas
Campo Basa
Comaichín
Nabaín
O Grau
O Solano
O Tozal de Ezquerra
O Tozón
Os Canals
Os Forcaz

**Son algunos topónimos de lugares comunes de Campol que quedaran para siempre en el recuerdo de las gentes que habitaron el pueblo**


Celebraban sus fiestas patronales el 8 de septiembre, dedicadas a La Natividad de la Virgen. Tenían una duración de tres días. Se hacía ronda con los músicos por las casas donde sacaban a la comitiva tortas y porrón de vino. Se daba misa cantada por los músicos el primer día. Se mataba un cordero o una machorra en cada casa para compartir con los invitados. El baile se hacía en la era de Antón López amenizado por los músicos de Burgasé o los de Borrastre. Acudía la juventud de San Felices, Villamana, Puyuelo, San Martín, Yeba...

"En mi casa igual nos juntábamos veinte personas a comer y a dormir, venían los hermanos de mi padre con sus respectivas familias, con buena voluntad se solucionaba el tema del alojamiento, en cualquier rincón de la casa había alguien durmiendo". FRANCISCO VIÑOLA.

El 18 de julio las gentes de Campol y los barrios iban en romería hasta la ermita de Santa Marina, junto al pico Nabaín. Acudían también gentes de Ascaso, Lavelilla y Morillo de Sampietro. Se repartía la caridad y se hacía comida campestre. Después de la guerra empezó a perder intensidad este día festivo. A la misma ermita se había subido previamente el 22 de mayo para honrar a Santa Quiteria puesto que se veneraba en ella a las dos santas.
Los domingos se hacía baile a nivel local en la escuela de Campol. Acudía la juventud de los barrios: San Felices, Puyuelo, Villamana y San Martín. De la música se encargaba Miguel, de casa Sánchez que tocaba el acordeón. Además del baile bebían vino y jugaban a las cartas. En algunas ocasiones este día de ocio dominical se celebraba en el salón de la casona de San Martín por ser el sitio más céntrico para todos los pueblos.

El cura venía a oficiar los servicios religiosos desde Burgasé.

"Don Jacinto venía cada quince días a dar misa desde Burgasé. Se bajaba el sábado por la tarde y se quedaba a dormir en nuestra casa (Antón López). Daba misa el domingo por la mañana y luego iba a Giral y desde ahí se volvía para su pueblo". FRANCISCO VIÑOLA.

El médico venía desde Fiscal cuando la situación lo requería, otras veces era el practicante de Lacort el que solucionaba la dolencia si no era de mucha gravedad.
Agustín, el cartero de Lavelilla venía andando a repartir la correspondencia.
El herrero venía desde Burgasé o desde Jánovas.
Anselmo de casa Sánchez realizaba el oficio de barbero para los hombres y niños de Campol y los barrios.

Para hacer compras se desplazaban a los comercios de Lacort. En ocasiones alargaban el viaje e iban hasta Boltaña, sobre todo en temporada de feria (23 de abril y 19 de octubre). Para abastecerse de vino lo compraban en Lacort (comercios de Marcial y Revilla). Vendedores ambulantes con alguna caballería aparecían por Campol provenientes de diversos lugares: Boltaña, Escalona, Colungo, Guaso...

Al llegar los años 60 Campol mantenía cuatro casas abiertas. El futuro no era muy halagüeño, el progreso no llegaba y la llegada de Patrimonio Forestal del Estado a La Solana para repoblar toda la zona de monte de pinos y con ello evitar el arrastre de piedras, sedimentos y barro hacía el proyectado pantano de Jánovas fue la puntilla. Mediante una compra voluntaria/ forzosa de todos los pueblos del valle, las gentes se vieron obligadas a marchar.
Para el año 1965 Campol ya estaba vacío. Sus habitantes se repartieron por San Lorenzo del Flumen, Barbastro, Boltaña o Barcelona para iniciar una nueva etapa en sus vidas.

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Visitas realizadas en junio de 1996 y mayo de 2025.

Informante: Francisco Viñola de casa Antón López (Conversación personal mantenida en un establecimiento de hostelería de San Lorenzo del Flumen).
Otras fuentes de información:
-Revista Viello Sobrarbe, artículo de Alegría Viñola: Mis trece años en Campol.
-Libro de Carlos Baselga: La Solana, vida cotidiana en un valle altoaragonés.


Punto y aparte. Veintinueve años han transcurrido entre mis dos visitas a Campol. Dan para mucho, generalmente casi siempre a peor y en este pueblo no iba a ser una excepción. Pero aquí no ha sido el deterioro excesivo de las casas (que también) sino la avasalladora vegetación que va haciendo su trabajo de recuperar su terreno. En mi primera visita (1996) me pareció uno de los despoblados más hermosos de Huesca. Pese a estar en lo alto de un cerro en un lugar abierto y expuesto al azote de todos los fenómenos meteorológicos se encontraba en bastante buen estado. Todas las casas en pie con sus tejados correspondientes, lo mismo la iglesia y la escuela. El transito por su única calle era un deleite visual. Un pueblo que te atrapaba con su encanto. Un lugar para observar, contemplar y admirar, y también para disfrutar de las maravillosas vistas que se tenían desde esta elevada población. Vistas dicho sea de paso que no creo que fueran muy del agrado de los antiguos pobladores. Mirarían con sana envidia las buenas tierras que había en la ribera del río, llanas y cultivables y si lo comparaban con las de Campol, en terreno escabroso y elevado, pues... Pero estas vistas si las podemos disfrutar los que hoy día nos aventuramos por ocio por estos parajes.

Hago mi segunda visita a Campol en esta mañana primaveral, con cielo despejado pero con ambiente fresco. Tengo ganas de volver a ver este pueblo de La Solana. Voy expectante. Cuando llego al improvisado aparcamiento (una era de trillar) veo que hay tres coches aparcados. Sospecho que no voy a estar solo y se romperá el factor soledad, pero curiosamente no veré a ninguna persona durante mi estancia de algo más de una hora. Si veo vacas pastando por allí, con su serena quietud como solo estos animales saben hacer. Desde lo alto ya contemplo el perfil del pueblo en su disposición alargada. Enseguida veo mucha vegetación contorneando las diferentes edificaciones y ausencia de algunos tejados. Comienzo a adentrarme en su trazado urbano por su única calle, mucha vegetación a modo de arco me recibe, entre arbolado, matorral y plantas trepadoras. Casa Ezquerra y Martín Périz, las dos casas fuertes del pueblo han perdido prestancia, aguantan todavía medianamente en pie, pero la primera está en franca decadencia y a la segunda una muralla vegetal impide acercarse a ella.
Me dispongo a seguir caminando, la herrería, a mano derecha de la calle se ha venido abajo, casa Sánchez que está pegada a ella también se encuentra saturada de vegetación. Enfrente se encuentra casa Pedracor, aquí oigo voces en su interior y algún ruido pero no veo a nadie. Tiene tejado de nuevo diseño y ha sido recuperada. Continuo el camino por la calle y llego a los dominios de la escuela. La hiedra y las plantas trepadoras hay veces que le dan un poco de encanto a las iglesias pero en el caso de la escuela no, la afean horriblemente. El edificio se mantiene en pie pero la maraña vegetal que se ha apoderado de su fachada le da un aspecto selvático, de dejación. No agrada la vista y más cuando yo la pude contemplar años atrás y me encontré un edificio hermoso, donde todavía se podía entrar al interior. En fin, es el precio del abandono, que las ruinas casi siempre son bonitas, pero en el caso de la escuela de Campol no, debido a los "adornos" que la "engalanan" no la lucen.
Por una abertura de la calle en su lado izquierdo salgo a la plaza de la iglesia. La abadía es otro edificio que no se puede contemplar actualmente, por su empeoramiento y por la maleza que la cerca. Sin embargo la iglesia sigue prácticamente igual. El tejado más deteriorado, hiedra en la torre y en la parte trasera. Pero la fachada que mira al valle sigue con ese aire sobrio. Curiosamente en mi primera visita no pude acceder al interior porque su puerta todavía protegía el interior de las miradas de los curiosos, pero ahora ya no, ni siquiera existe la puerta, así que el paso es franco. Dentro, lo normal en estos templos dejados al abandono y al olvido: vegetación, vigas y piedras caídas, desgaste de las pinturas murales y ausencia total de ornamentos religiosos. Solo la sencilla pila bautismal y la mesa del altar mayor resisten, lo demás nada. No encuentro más detalles de interés. Salgo al exterior, dedico unos minutos a contemplar las vistas que se ven "abajo". Buena visión de un amplio terreno. Al lado del templo el sencillo edificio del esconjuradero sigue igual, en estado ruinoso pero en pie, aunque al interior no se puede entrar. Por este lado de la iglesia salgo otra vez a la calle única del pueblo. Me quedan por ver algunas casas, en especial la de Antón López, con su fachada principal en paralelo al caballete del tejado y con un bonito balcón en el hastial de la casa. Aunque sin tejado, sigue aguantando como puede la vivienda pero con el acecho de la hiedra que minimiza la visión de la pared. Enfrente está casa Duaso con su bonita portalada de acceso y más allá casa Sisto sin nada de relevante. Al fondo sobre un peñón rocoso y dominando el pueblo se asienta el sencillo y pequeño transformador de la luz. Con ello se acaba el transito por el entramado urbano de Campol, articulado en torno a una única calle. Muy bonita, hermosa, hace treinta años, ahora ya no se puede decir lo mismo, pero es que el tiempo es implacable en estos lugares. Deshago el camino, voy a la inversa, veo las edificaciones desde diferente perspectiva pero no descubro más detalles de interés. En unos minutos estoy otra vez a la entrada del pueblo. Los mismos coches que había a mi llegada siguen ahí. Contemplo el pueblo antes de marcharme. Una preciosa visión hace años de su perfil sobre el terreno, ahora ya no es igual.
Me voy de Campol con un sabor agridulce, suerte que tuve la fortuna de contemplarlo casi treinta años antes y de aquella visión pude etiquetarlo como uno de los despoblados más bonitos de Huesca. Si lo tuviera que catalogar simplemente por esta última visita del 2025 no diría lo mismo. Es lo que hay. La degradación y la decadencia hacen estragos en los pueblos abandonados. Y sobre todo a estas alturas de la vida con un cuarto de siglo XXI consumido.


Año 2017. Imagen de Campol en su dominante posición sobre el terreno.



Año 2017. Visión lejana de Campol en el contraluz de la montaña con su silueta ondulante sobre el terreno.



Año 2025. Visión actual de Campol. La vegetación gana terreno, los tejados se deterioran. En primer plano la era de Antón López. Aquí se celebraban los bailes los días de la fiesta.



Año 1996. Vista de Campol por su lado noroeste. Fachadas traseras de casa Ezquerra (izquierda) y casa Martín Périz (derecha). De fondo la torre de la iglesia.



Año 2025. Entrando en Campol.




Año 1996. Comienzo de la calle (llamada de Santa Marina). Basa y fuste que estaba coronada por la cruz de término de Campol (ya desaparecida la cruz en aquellos años, en la actualidad tampoco existe el fuste). La torre de la iglesia asomando por encima de la vegetación. Rampa de acceso al yerbero de casa Ezquerra.



Año 2025. Casa Martín Périz (izquierda) y casa Ezquerra (derecha).



Año 1996. Casa Martín Périz y pajar a la izquierda.
Los últimos que vivieron en ella fue el matrimonio formado Ascensión Buisán y Julián Duaso (de casa Duaso). Al casarse los herederos de las dos casas se fusionó el patrimonio de ambas.
Tuvieron un hijo: Ramón.
Se marcharon a Barbastro.



Año 1996. Casa Ezquerra. Vivió en ella el matrimonio formado por Luciano y María (natural de Yeba). Tuvieron seis hijos. Emigraron a San Lorenzo del Flumen.



Año 2025. Calle de Santa Marina. A la izquierda pared de casa Pedracor. A la derecha la herrería, ya caída. Apenas visible la acequia que pasaba por el lado derecho de la calle.



Año 1996. Calle de Santa Marina. La herrería en pie con su tejado a dos aguas. Pegada a ella casa Sánchez con su esbelta chimenea.



Año 2025. Calle de Santa Marina. A la izquierda casa Sánchez. La habitó el matrimonio formado por Miguel y Escolástica (natural de Tricás). Tuvieron tres hijos. La emigración llevó a la familia a Boltaña.
A la derecha casa Pedracor y de fondo casa Ezquerra.



Año 1996. Escuela de Campol (planta baja), casa de la maestra (planta superior). Alrededor de una veintena de niños asistían a ella. Venían también los de San Felices, Villamana y San Martín. Doña Palmira, nacida en Agoncillo (La Rioja) estuvo aquí impartiendo enseñanza durante varios años. No utilizaba la casa habilitada para las maestras para no estar sola. Estaba de patrona en casa Antón López.

"En los tiempos que no había maestra subía una chica joven de Lacort que no tenía la carrera pero tenía conocimientos de enseñanza, así no desaprovechábamos el tiempo". FRANCISCO VIÑOLA.



Año 2025. La escuela de Campol en la actualidad. Casa Pedracor a la derecha.



Año 2025. La iglesia parroquial de Santa Marina. A la izquierda el esconjuradero.



Año 1996. Pórtico de acceso al templo.




Año 2025. Interior del templo. Pila bautismal. Capillas laterales (izquierda) y capillas cegadas (derecha). Altar mayor.



Año 2025. Esconjuradero. En tiempos antiguos se celebraba un ritual por medio del sacerdote para ahuyentar o desviar las tormentas para proteger las cosechas.

"Nunca vi hacer ningún rito ni esconjuro en su interior. Se usaba como almacén para guardar cosas de la iglesia así como cosas de algún particular".
FRANCISCO VIÑOLA.




Año 1996. La abadía.

"Siempre la conocí cerrada, no vi a nadie viviendo en ella ni que se le diera ningún uso". FRANCISCO VIÑOLA.



Año 1996. Parte de la fachada de la abadía y de fondo la escuela.



Año 2025. Casa Antón López. Se juntó el patrimonio con casa Pedracor al casarse los herederos de las dos casas, viviendo el matrimonio en esta y dejando la de Pedracor para guardar animales. La casa estuvo habitada por el matrimonio formado por Francisco y Pilar con los seis hijos resultantes de dos matrimonios que tuvo el amo de la casa. A la derecha casa Duaso. Al juntarse el patrimonio con la de Martín Périz al casarse los dos herederos, utilizaron aquella casa como vivienda y esta de Duaso la dejaron para guardar animales.



Año 1996. Balcón de casa Antón López. Puerta de casa Duaso. Torre de la iglesia.



Año 2025. Fachada trasera de casa Duaso.




Año 1996. Casa Sisto y al fondo casa Antón López.




Año 2025. Transformador de la luz.




Año 1996. Bordas y era de trillar de casa Sánchez.




Año 2025. Las vistas desde Campol de la Ribera de Jánovas. La casona de San Martín en el centro de la imagen.

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