
Ocho viviendas, todas ellas orientadas hacia el sur componían este pueblo que en la actualidad es pedanía de Viana de Duero.
Conocieron la luz eléctrica en las casas (1956) pero no el agua que tenían que ir a buscarla a un manantial que brotaba junto al río Duero.
Trigo, cebada y algo de patatas componían la base de su agricultura mientras que la ganadería estaba repartida entre las tres variantes principales: ovejas, cabras y vacas.
Las fiestas patronales en principio se celebraban para la Trinidad en el mes de junio, pero se cambiaron con el tiempo.
"Se encontraban todos los vecinos en esas fechas en plena faena con las tareas del campo y se pasaron para el último fin de semana de septiembre. Duraban dos días y se hacia lo que en cualquier fiesta de pueblo, una procesión por las calles, una misa, la comida con familiares y el baile por la tarde con la orquesta del tío Chato formada por dulzaina, tambor y bombo que provenían del pueblo de Centenera de Andaluz. También había una costumbre de realizar la gallofa, que era una especie de ronda con los músicos por todas las casas del pueblo y donde se sacaban unas rosquillas, tortas, magdalenas o cualquier otro dulce acompañado de una copa de anís o moscatel. Por la noche en la cena igual, con todos los familiares y además se repartían los mozos llegados de otros pueblos en cada casa, no se quedaba nadie sin cenar. En mi casa a lo mejor nos juntábamos cerca de cuarenta personas".
JULIÁN MATEO.
En el mes de junio hacían la romería a la ermita de la Virgen de Velacha en la llamada Concordia de los ocho pueblos (Borjabad, Valdespina, Viana de Duero, Baniel, entre otros). Cada pueblo acudía con su pendón, había que cruzar el Duero en la barca de Velacha por encontrarse la ermita en el otro lado del río.
Actualmente esta romería se sigue celebrando en el mes de julio.
El cura venia cada quince días a oficiar la misa desde Viana de Duero (don Víctor, don Francisco, y don José María fueron los últimos que acudieron a Baniel).
El médico venia con su coche cada cierto tiempo desde Almazán.
Andando venia el cartero (tío Joaquín) desde Viana de Duero, recogía la correspondencia en la carretera general y la repartía en los dos pueblos, además de en La Milana, Perdices y Moñux.
Muchas idas y venidas tenían los vecinos de Baniel hacia Almazán.
"Almazán siempre ha sido como una pequeña capital, allí había de todo. Íbamos los martes que era día de mercado, donde se daban cita gentes de toda la comarca. Se vendía y se compraba de todo, y ya se aprovechaba para hacer compras para la casa, también íbamos a moler el grano y a la fragua, los jóvenes a buscar algo de diversión los domingos. Y cuando no pues eran los vendedores ambulantes los que venían de Almazán hasta Baniel vendiendo azúcar, arroz, fruta, chocolate y otros productos, como el tío Segundo que venía con una mula o el Valenciano que llegaba con un carrillo tirado por una mula". JULIÁN MATEO.
Precisamente al estar tan cerca Almazán se fueron marchando para allí todos los vecinos de Baniel, donde disponían de todas las comodidades y podían seguir yendo a trabajar las tierras a su pueblo. La gente joven fue la primera que marchó porque el campo no daba trabajo para todos y solo quedaron dos casas abiertas al final: la de Doroteo Mateo y la de Ventura Garcia que resistieron a marchar pero que tuvieron que hacerlo cuando no les quedó más remedio y que dejaron su pueblo allá por el año 1975.
El pueblo se quedó sin gente pero una nave de viveros forestales y una granja de ganado porcino hacen compañía a Baniel en su soledad, además de seguir acudiendo los agricultores a trabajar las tierras y recibir el último domingo de septiembre a los que se fueron y sus descendientes para seguir celebrando el día festivo del pueblo y servir de reencuentro de las gentes que un día no muy lejano dieron vida a Baniel.
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Informante: Julián Mateo, memoria viva de su pueblo, del que dice que si se hubieran dado otros condicionantes en aquellos tiempos no se habría marchado nunca (Conversación personal mantenida en su finca de entretenimiento en las afueras de Almazán).
Visitas realizadas en febrero de 2009, marzo de 2011 y febrero de 2023.
Punto y aparte. En esta fresca mañana invernal del año 2023 hago mi tercera visita doce años después de la anterior a este lánguido pueblo cercano a Almazán. Nada más llegar veo que todo sigue más o menos igual. Poco ha cambiado. Sigue flotando en el ambiente el penetrante olor a cerdo que destila la cercana granja porcina. Ni rastro de presencia humana ni vehículo alguno (no se dará en la algo más de una hora que dedico a visitar el pueblo). El río Duero y la iglesia de San Esteban son las que se llevan todo el protagonismo. Alguna casa cercana al templo ha sucumbido al paso de los años. Otras se mantienen todavía un tiempo más hasta que les llegue la hora de correr el mismo destino. Me acerco hasta la voluminosa y preciosa iglesia. Llama la atención el templo en un pueblo tan pequeño. Se mantiene muy entera en su aspecto exterior aunque es el tejado de la torre el que muestra más sintomas de deterioro. Han sustituido la puerta original de madera por una de chapa metálica, es facil intuir el motivo. La contorneo entera admirando su belleza. En sus inmediaciones hay restos de maquinaria hidraúlica que tuvieron algún uso en el pasado aprovechando el paso cercano del río. Hasta el Duero me acerco bordeando tierras de cultivo. Contemplo el cauce y me pongo a pensar si este río se encontrará con muchos despoblados en su recorrido de algo menos de mil kilómetros hasta que llegue a su desembocadura en Oporto. Aquí Baniel se equipara a poblaciones como Soria, Zamora, Aranda de Duero o Tordesillas. Es ribereño como ellas de uno de los ríos más importantes de la peninsula iberica. Imagino el vinculo constante que tendrían las gentes de Baniel con las aguas de este gigante fluvial. Vuelvo otra vez hacia el exiguo caserío. Veo las casas situadas más al sur y que son las que en mejor estado se encuentran. La estructura de un horno adosado en una de ellas llama mi atención. Se mantiene aunque la vivienda ya está en un estado muy precario. Me alejo un poco para ver la panorámica de Baniel por este lado pero no me satisface la visión desde aquí así que vuelvo otra vez a la parte central. Está ya todo visto en Baniel. Tuvo que ser un pueblo pequeño en sus tiempos pero pintoresco. Y aquí se puede esgrimir un caso caracteristico del dicho tantas veces repetido: el pez grande (Almazán) se comió al chico (Baniel).
PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.

Año 2023. Vista parcial de Baniel.









"Pescábamos barbos, truchas, cangrejos, etc, que servían para variar un poco el menú de las comidas en las casas, llevábamos a beber allí al ganado, en la orilla estaba el manantial de donde nos abastecíamos de agua para consumo y allí íbamos a bañarnos de niños, aunque era un poco traicionero, tenia hoyas y remolinos que había que andar con cuidado". JULIÁN MATEO.

Año 2023. Baniel visto desde la orilla del río Duero.