
Era un barrio de Fuentes de Rubielos, ubicado a 690 metros de altitud. En sus buenos tiempos estuvo conformado por unas cuarenta viviendas y alrededor de 110 habitantes, superándose en número antes de la guerra.
Llegó a contar con iglesia, escuela, molino y tienda.
"Al pueblo (Fuentes) no íbamos apenas, algún asunto administrativo y poco más. Nos pillaba a dos horas de camino. Nuestros desplazamientos más habituales era a los pueblos de Olba y Puebla de Arenoso, a los que tardábamos cuarenta minutos en llegar". PILAR MONTOLIO.
Nemesio y Francisco ejercieron de alcaldes pedáneos durante años.
La luz eléctrica llegó a El Rodeche en los años 60 proveniente de los molinos de Sargantana en Puebla de Arenoso. Anteriormente a la llegada de este invento eran los candiles de petróleo los más utilizados.
"En El Rodeche no tienen agua y reparten la luz a cazos". Dicho popular.
El agua para consumo lo cogían directamente de una acequia que pasaba por medio del pueblo.
El clima era benévolo por esta zona y caían nevadas de poca envergadura. Contaban con leña de pino y de chopo para calentar la lumbre de los hogares.
Sus tierras de cultivo estaban sembradas principalmente de trigo, cebada, avena, patatas y garbanzos.
Había un molino en El Rodeche para moler el grano, tanto el que se utilizaba para elaborar el pan como el destinado a comida de los animales.
Casi todas las casas tenían horno para hacer el pan, la que no lo tenía ajustaba con algún familiar o vecino para utilizar el suyo.
Abundaban los árboles frutales y así entre otros se podía ver cerezos, ciruelos, perales, albaricoqueros o higueras.
Era costumbre matar uno o dos cerdos al año en cada casa en temporada de matanza.
La ganadería se basaba en las ovejas y las cabras.
Venían carniceros de Olba, Cortés de Arenoso, Puebla de Arenoso y Montanejos a comprar los corderos.
"Eran rebaños pequeños, de apenas veinte ovejas por casa. Cada familia sacaba sus animales a pastar". PILAR MONTOLIO.
Barranco del Agua
El Cabezo
El Cerrito
El Gramazal
El Higueral
El Hinebral
La Huerta
La Solanica
La Umbria
Las Pajesas
Las Viñas Largas
Los Arcillares
Los Bancalicos
**Son algunos topónimos de lugares comunes de El Rodeche que quedaran para siempre en el recuerdo de las gentes que habitaron el pueblo**
En El Rodeche había una pequeña tienda para abastecerse de los productos más básicos. Si querían hacer compras de más envergadura se desplazaban a Olba y a Puebla de Arenoso.
Diversos vendedores ambulantes hacían su aparición por El Rodeche como uno que venía desde San Vicente con una caballería vendiendo cosas de botiga, paños, telas...
De Lucena llegaba una mujer en coche vendiendo un poco de todo. Y Recaredo venía desde San Vicente con un camioncico comprando patatas y alubias.
El cura venía desde Fuentes, solamente daban misa en las fiestas, en las comuniones y alguna otra celebración especial. Don Ismael y don Joaquin fueron alguno de los que hicieron el desplazamiento durante años.
El médico venía desde Rubielos de Mora en coche cuando la situación lo requería.
"Se hacía mucho de rogar cuando se avisaba al médico para que viniera a visitar a algún enfermo. En tono irónico siempre decía que valía más su coche que todo El Rodeche junto. Al final siempre acababa viniendo". PILAR MONTOLIO.
La fiesta del Rodeche era el 18 de noviembre en honor al Sagrado Corazón de Jesús. Misa, procesión y baile en la plaza amenizado por Lucio, acordeonista de Olba, eran los actos principales.
Venían familiares y allegados desde Rubielos, Fuentes, Olba y Puebla de Arenoso.
El 17 de enero se celebraba a San Antonio Abad (San Antón).
"El día anterior se masaba el pan, era el pan volandero y se repartía junto al peirón. Era costumbre pasar las caballerías por delante del peirón donde estaba la imagen de San Antón. Se iba pidiendo la voluntad para el santo. Con los productos recogidos se subastaban el 17 y con el dinero obtenido bebían vino y mistela. Se hacia una hoguera en la plaza donde se asaban patatas". PILAR MONTOLIO.
En carnaval y algunos domingos se hacía baile a nivel local.
"En mis tiempos se hacía baile en la plaza o en el interior de la taberna algunos domingos. Los encargados de la música eran Francisco con el laúd y Melchor con la guitarra. Los hombres jugaban a la brisca o al guiñote y los niños correteando de un lado para otro". PILAR MONTOLIO.
Las gentes de El Rodeche acostumbraban a ir a las fiestas de Olba (Santo Cristo), San Vicente (Lunes de Pascua) y Puebla de Arenoso (San Mateo).
La despoblación llegó más tarde que en otros lugares pero hizo su aparición. La lejanía de todo, la ausencia del médico, el cierre de la escuela y las ganas de buscar otro medio de vida menos sacrificado hizo que los vecinos de El Rodeche fueran tomando el camino de la emigración.
La mayor parte de la gente del pueblo se fueron a Barcelona y Castellón. Alguna familia lo hizo a Rubielos y otras a La Monzona y Los Cantos, barrios de Puebla de Arenoso (Castellón).
Isabel y su hija Pilar fueron las últimas de El Rodeche. Se marcharon a Rubielos de Mora cuando la década de los 70 estaba a punto de finalizar.
A los pocos años empezaron a instalarse neo rurales en el pueblo en buen número, la mayoría de ellos ocupando las casas de manera ilegal, lo que fue motivo de numerosas disputas con la gente autóctona de El Rodeche que seguían yendo a trabajar las tierras. En la actualidad son tres personas las que viven de manera permanente y alguno más lo hace de forma ocasional.
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Visita realizada en mayo de 2026 en compañía de Pilar, Miguel, Miquel, Elisenda y Lorenza.
Informante: Pilar Montolio. Vecina de El Rodeche hasta que cumplió 14 años (Conversación personal mantenida en el mismo pueblo).
Punto y aparte. Seis personas repartidas en dos vehículos todo- terreno rompemos la quietud y el ensimismamiento en que se haya instalado El Rodeche y los parajes cercanos. Llegamos cuando ya el calor está empezando a hacer su aparición. Salvo una fugaz visión desde lo alto del barranco, el pueblo no se ve prácticamente hasta que no llegas a sus muros. Pilar, como nativa del pueblo y Miguel como extraordinario conocedor de todos los parajes de Fuentes de Rubielos pronto toman la batuta explicando lo que vamos viendo. Los demás nos dedicamos a contemplar y escuchar.
El Rodeche está muy tomado por la vegetación y en algunos tramos un estrecho sendero es el que permite el paso. Mucha edificación caída y alguna que otra en buen estado van apareciendo al paso. Enseguida nos topamos con un neo rural que está haciendo trabajos de forja en un taller improvisado. Multitud de cacharros, enseres y herramientas afean un poco el lugar. Saludos de rigor y explicaciones sobre nuestra llegada y acto seguido continuamos transitando por el pueblo. Pilar dice de bajar al molino, situado junto al río. Así lo hacemos, en tres minutos nos plantamos ante el edificio molinar y sus dependencias previo paso por la balsa donde se almacenaba el agua para hacer funcionar el molino. Pasamos junto a la casa del molinero, en ruina total, fijándose un poco se acierta a ver la boca del horno y poco más. Llegamos hasta el río. Lleva bastante agua pero la vegetación le ha ganado terreno y está todo muy enmarañado. Saltando entre piedras cruzamos a la otra orilla. Estamos ya en la provincia de Castellón. Aún visible en el suelo restos de la cadena que utilizaban para cruzar de un lado a otro. No nos podemos mover mucho más por la abundante vegetación así que cruzamos al otro lado. Estamos nuevamente en Teruel. Vemos el molino, prácticamente caído, solo parte de la fachada frontal sobrevive, además del cárcavo.
Subimos nuevamente para el entramado urbano del pueblo y nos encontramos con un segundo neo rural de origen extranjero. Conversación frugal y seguimos conociendo rincones y edificios del pueblo. Pilar y Miguel disfrutando, nos van explicando las diferentes edificaciones y su uso o quien vivía en alguna de las casas. Muchas de ellas ya son un amasijo de escombros, otras apenas mantienen una pared en pie. Llegamos a la parte principal del pueblo, donde se encuentra alguna vivienda en buen estado, habitada por las gentes venidas de fuera, contemplamos también la escuela al exterior. Pasaría por una casa más si Pilar no nos hubiera indicado que era el edificio escolar. Enfrente el peirón de San Antón con una pequeña talla del santo en su interior. Por detrás la iglesia, desmochada del tejado, pero con las cuatro paredes en pie. Nada en su interior. El entorno cada vez se hace más selvático y dificulta el moverse fuera del sendero marcado. Llegamos ante el último grupo de casas, en buen estado. Echamos un rato de conversación y de explicaciones en la era y ya llega un momento en que no podemos continuar más. Desandamos el camino, contemplando lo que ya habíamos visto pero a la inversa. Pilar nos guarda una última sorpresa y entramos a ver un cubo (lagar) de su propiedad que está en buen estado. Nos lo enseña y nos explica como elaboraban el vino.
La visita a El Rodeche toca a su fin. El calor ya va apretando y además queremos ver otra aldea. Vamos subiendo el pequeño repecho hacía donde están los vehículos. Ultimas impresiones en grupo. En mis pensamientos me llevo una sensación agridulce porque he llegado muy tarde a conocer este lugar. Un pueblo que fue de buen tamaño con la belleza que ello supondría en sus calles, edificios y rincones. Hoy día es una sombra de lo que fue.

Entrando a El Rodeche.

"Había cuatro cubos en El Rodeche, después de la filoxera había poca uva, la que había en las parras y poco más. Las juntaban las de varios para hacer el vino y luego una vez elaborado lo repartían según los kilos que hubiera aportado cada vecino". PILAR MONTOLIO.

"Mis padres no era ninguno nacido en El Rodeche. Él era de La Mateba, una masía de Cortés de Arenoso (Castellón) y ella era de Los Peirós, masía de Olba. En los años del maquis (últimos de los cuarenta y primeros de los cincuenta) no dejaban a nadie de las masías que pernoctaran en sus casas, podían hacer las faenas por el día pero luego por la noche tenían que entregar las llaves de las casas para que no hubiera posibilidad de dar cobijo a los guerrilleros. Los masoveros tenían que irse a dormir al pueblo. Mis padres viendo que aquello no era plan para vivir decidieron comprar esta casa en El Rodeche en los años 50. Quizá era la casa más grande del pueblo si se contaba las diferentes edificaciones auxiliares junto a la vivienda.
En el año 73 ya mis padres decidieron que la vida en El Rodeche se había agotado, no daba más de si las condiciones para seguir viviendo en el pueblo. Previamente habían emigrado a Barcelona pero a mi padre no le gustó nada aquello y decidieron volver a El Rodeche. Pero ya tomaron la determinación de marchar, también mirando por el futuro nuestro de poder estudiar y eligieron Rubielos de Mora para empezar una nueva vida. Mi padre con el tractor seguía acudiendo al Rodeche a trabajar las tierras. Cuando nos fuimos aún quedaban cinco casas abiertas, que aguantaron unos años más". PILAR MONTOLIO.



Calle de El Rodeche.

Confluencia de calles. Pajar.

Calle de El Rodeche.

Viviendas.

"En mis tiempos íbamos una quincena de alumnos. Por aquí pasaron doña Rosita, era de Pedreguer (Alicante). Se casó con uno del pueblo, Nemesio y al cabo de unos años se fueron para Alicante. Estuvo doña Tomasa que era de Albacete y vivía de patrona en casa de la tía Emilia. Luego vino doña Nieves que vivía en mi casa y la última que hubo en el pueblo fue doña Carmen, que era de Cullera (Valencia), vino con su madre. Ellas si vivieron en la casa destinada a maestra.
La escuela se cerró en el año 68 cuando quedaban cuatro alumnos: Ismael, Paco y mis hermanas Carmen y Hermelinda. A mis hermanas les tocó ir a la escuela hogar de Lucena del Cid. Estaban allí de lunes a viernes". PILAR MONTOLIO.

"Antiguamente hubo aquí una pequeña tienda donde se vendían bebidas más que nada, pero yo no la conocí abierta". PILAR MONTOLIO.

"Cada noche se encendía una vela en su interior, una familia cada mes se encargaba de ello. Había un canto sarcástico cuando se pasaba por aquí que decía: esta es la calle del horno donde las mujeres masan, cuando a unas les viene a otras se les pasa". PILAR MONTOLIO.

La iglesia de El Rodeche. La plaza del pueblo delante.



Edificación en ruinas.

La balsa del molino.

"En el año 65 se lo compró mi padre al anterior propietario. Lo estuvo llevando durante unos años. Venía gente de las masías cercanas, de Las Clochas y de Fuentes a moler, pero ya cada vez iba a menos porque había emigrado mucha gente". PILAR MONTOLIO.


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