
Fueron en sus mejores tiempos dieciocho viviendas que vivían del cultivo de cereal (trigo y centeno), y de patatas (que aparte de para consumo propio, las llevaban a vender a La Puente del Valle).
En la ganadería tenían un poco de todo pero predominaba la oveja, dedicada a la cría del cordero, los cuales venían a comprar los carniceros de Polientes.
Hay luz eléctrica desde el año 1954 suministrada por la compañía Eléctrica de Viesgo desde una mini central ubicada en el pantano del Ebro.
En 1931 se quemó el archivo del Registro Civil de Valderredible, por ello todos los datos anteriores a esa fecha se tenían que pedir al archivo eclesiástico de Santillana del Mar.
Las fiestas patronales en honor a la Purísima Concepción se celebraban el 8 de diciembre. Al ser en pleno invierno el tiempo era muy desapacible y fueron varias las veces en que una nevada impidió la celebración de la fiesta por lo que el Concejo tomó la decisión de trasladarla al 18 de septiembre aunque contaron con la opinión adversa del cura. Se celebraba una misa y una procesión alrededor de la iglesia, en la comida había la costumbre de sacrificar una machorra (oveja vieja que ya no servía para la cría) quedando para el final del día el baile con los músicos que venían desde Los Carabeos (flauta y tambor).
Acudía a participar de la fiesta la juventud de Arantiones, Salcedo, Otero y Polientes entre otros pueblos, sin olvidar tampoco los familiares que estaban fuera, en Reinosa, Torrelavega, Madrid o Bilbao.
El cura venia primeramente desde Arantiones y más tarde desde Bustillo del Monte (don Daniel Martín). Daba misa semanalmente. Solicitó una caballería pues tenía que dar misa cada domingo en tres pueblos distintos.
En 1949 con el cambio de la fiesta patronal del ocho de diciembre al 18 de septiembre por decisión del concejo, don Daniel se opuso diciendo que no daría más misas en Quintanas-Olmo si no se devolvía la fiesta a su fecha original (8 de diciembre, la Purísima).
Años más tarde subiría a oficiar las misas correspondientes, don Bertín, el cura de La Puente del Valle.
El médico subía a caballo desde Polientes, entre otros se recuerda a don José García Rodríguez.
Los vecinos pagaban al doctor por el sistema de iguala. En 1938 abonaban 6,30 pesetas, en 1943 abonaban 875 pesetas al año y en 1947 abonaban 810 pesetas al semestre.
El cartero también acudía desde Polientes a repartir la correspondencia.
La maestra vivía de patrona en alguna casa del pueblo.
El herrero (Jaime González) subía desde Polientes a realizar algún trabajo de forja.
Los matorrizos (así se les conocía a los habitantes de Quintanas-Olmo) tenían que bajar al valle para casi todo por los antiguos caminos de caballería que había entonces, tardaban 40 minutos andando a Polientes, su ayuntamiento, adonde también bajaban el último sábado del mes a la feria de ganado a comprar o vender terneros.
A La Puente del Valle bajaban a moler grano.
A Barcena de Ebro bajaban a coger el coche de línea de la empresa Rodríguez que hacia el recorrido Polientes- Reinosa, y ya en contadas ocasiones se desplazaban a coger el tren hasta la estación de Los Carabeos.
A Reinosa apenas solían ir, si acaso para las ferias de ganado por Santiago y San Mateo y alguna vez se desplazaban hasta el pueblo palentino de Aguilar de Campoo sobre todo para comprar vino.
En verano y con el fin de poder comer carne fresca al no haber frigoríficos ni otras formas de conservación, se mataba una oveja a la semana entre siete familias y se repartía equitativamente. Esta costumbre era conocida como "el adra".
Los domingos y los ratos libres se jugaba a los bolos en el carrejo, se echaban partidas de cartas en la cocina de alguna casa o se iba a la cantina del pueblo de Arantiones.
El Arcillón
El Calderón
El Centenal
El Ontañon
El Rompizón
El Santisimo
El Tarrero Colorao
Fuentelaguillo
La Canal
La Corva
La Pradera
La Rean
La Rebollera
La Requejada
La Revuelta
La Salmoria
Las Espradillas
Las Loberas
Los Tarreros
Ormilla
Peña Bustillo
Peña las Abejas
Praconcejo
Pravar
Santa Juliana
Sestero Alto
Valdinuero
**Son algunos topónimos de lugares comunes de Quintanas- Olmo que quedaran para siempre en el recuerdo de las gentes que habitaron el pueblo**
La emigración en los años 50 y 60 fue sacudiendo a Quintanas como lo estaba haciendo en otros pueblos de la comarca y la gente empezó a marchar buscando una mejor calidad de vida. El País Vasco y más concretamente Bilbao estaba en auge en aquellos años por ser un potente foco industrial y para allá se fueron yendo las primeras familias lo que produjo un efecto dominó en las demás que acabaron marchándose también para la capital bilbaína. Otro grupo de matorrizos buscó acomodo en Reinosa. Además para los pocos vecinos que iban quedando la repoblación forestal que se hizo en los montes y que prohibía el pastoreo de las cabras y las vacas fue un gran inconveniente que acabó desanimando a los ganaderos.
En el año 1963 se quedó vacío Quintanas-Olmo cuando el matrimonio formado por Gregorio Garrido y Teófila Herrero, además del hijo (Mateo) que vivía con ellos cerró la última vivienda que permanecía abierta. Con la marcha de esta familia a Reinosa el pueblo se quedó sin población permanente, pero aún así algunos vecinos seguían subiendo en temporadas y se siguieron manteniendo y cuidando algunas casas, por lo que nunca Quintanas llegó a considerarse como un pueblo abandonado.
El pueblo en la actualidad va recobrando algo de vida, sobre todo en verano con la vuelta de los hijos del pueblo que han ido rehabilitando algunas casas y por la excelente labor que está llevando la asociación allí instalada (Aldebarán), que ha mejorado las calles y caminos, han recuperado algunos edificios y están en permanente actividad para la mejora del pueblo.
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Informantes: Tomás García Garrido y Florencio Gómez Pérez, antiguos vecinos de Quintanas Olmo. El reportaje comenzó a dar forma con la información del primero y se enriqueció con los datos y nombres aportados por el segundo.
Visitas realizadas en noviembre de 2009 y abril de 2024.
Punto y aparte. Sin entrar en mis planes inmediatos he vuelto quince años después a este pueblo cántabro. Me pillaba de transito hacia otro lugar y como quiera que iba bien de tiempo decidí subir a ver que había de novedad en Quintanas. Mientras ascendía por la carretera que tras previo paso por Arantiones me llevaría a mi objetivo mi mente estaba un poco con la expectativa de como me iba a encontrar el pueblo. Si habría ido hacía delante, si habría retrocedido, si estaría igual... Cuando ya corono el alto desde donde se divisa el pueblo detengo el coche y me dedico unos instantes a contemplar la vista panorámica de Quintanas-Olmo. Más o menos lo veo igual. Buen número de tejados presentes pero también alguna ruina. Si observo que hay un coche aparcado a la entrada. Bajo para el pueblo, paso junto a un prado donde hay unas vacas pastando, estoy ya junto las primeras edificaciones del pueblo. El vehículo todo- terreno que divisé desde las alturas ya no está pero no me he cruzado con él en la carretera, habrá tomado la pista que sale por el otro costado del pueblo. Aparco el coche en un saliente y me dispongo a entrar en el núcleo urbano. Veo a la izquierda las tres casas que están en posición más altiva sobre el resto y rememoro la conversación que tuve con Luisa, la mujer de Tomás junto a la puerta de su casa. Fue mi primer y único contacto humano con gentes de Quintanas- Olmo aquella mañana otoñal de 2009. Las tres casas han llevado desigual suerte con el paso de los años, mientras la de Tomás y la anexa a ella se mantienen con decoro y guardan todavía su intimidad la otra vivienda situada en la esquina ha sucumbido y la maleza se ha apoderado de ella. Bajo hacía la parte central del pueblo y me fijo en una estela cántabra de nuevo diseño que han colocado sobre un murete dando vistas a la parte central del pueblo. Junto a ella un panel explicativo del ayuntamiento de Valderredible informando sobre diferentes aspectos del pueblo. Observo también que han arreglado el camino de entrada a la plaza y han puesto carteles señalizando las calles del pueblo. Pero en el lado negativo contemplo como la casa de Gregorio y Teófila, los últimos de Quintanas- Olmo no ha podido aguantar más y se ha venido abajo. Una lástima. Llego hasta la hermosa fuente en el centro del pueblo, sigue igual, sus recias piedras mantienen en buen estado esta pequeña joya, el suelo perimetral si lo veo más deteriorado, ha crecido un poco de maleza y ya apenas se puede ver el precioso empedrado que la contorneaba.
En un prado central tres burros (uno de ellos con pocos meses de vida) pastan a sus anchas. Cuando advierten de mi presencia se acercan a curiosear pero siempre guardando un poco las distancias. Los dejo que sigan con su placida y serena estancia en la verde pradera. Llego hasta las edificaciones que sufrieron una gran transformación en los años 90 con el trabajo de las gentes de la asociación Aldebarán. No hay signos de vida ni de utilización reciente. Cuando ellos se fueron todo quedó inmóvil, detenido en el tiempo. Sigo transitando por otras partes del pueblo, no hay cambios significativos en las edificaciones. Bajo para el barrio donde se situaba la escuela. Todo igual, las casas que ya estaban en ruinas van avanzando muy lentamente en su camino agónico hacia la descomposición definitiva como edificio y las que están en buen estado esperando las visitas temporales de sus moradores. Pero es en el edificio comunal (casa- concejo) que compartían el ayuntamiento y la escuela donde observo algún cambio y es que han colocado un tejado de nuevo diseño con un prominente alero para evitar que el edificio se deteriore y se pueda venir abajo con las goteras y la humedad. Sin uso pero por lo menos a salvo del derrumbe que pudiera darse algún día.
Por un corto y bonito sendero me dispongo a visitar la última joya que me quedaba por volver a ver en Quintanas- Olmo: la iglesia de La Concepción. El templo sigue igual, la principal diferencia entre mis dos visitas es que ya no está la campana que estaba presente en el campanario, hace pocos años algún desalmado no tuvo otra cosa mejor que hacer que llevársela. Por lo demás no hay cambios, sigue guardando de manera precaria su intimidad interior impidiendo el acceso a los curiosos aunque la puerta está demandando a gritos que sea sustituida por una nueva tal es su frágil estado.
Vuelvo otra vez para el núcleo central. La visita va tocando a su fin. Los equinos siguen dando vueltas por el prado. El silencio es el dueño del lugar. Contemplo un horno de pan y nuevamente doy un vistazo a las edificaciones de nuevo diseño que dieron un aspecto más remozado a Quintanas. Da un poco de pesar de ver todo lo que allí se hizo y contemplarlo ahora solitario y mudo pero bueno algo habrá debido de pasar. Ya si enfilo el camino de salida hacía donde tengo el coche. Cuando me faltan poco más de cincuenta metros para llegar una pareja joven de cicloturistas bajan por el camino del monte y cogen la carretera de Arantiones. No me han visto ni entran al pueblo. Me monto en el coche y me voy alejando del lugar. Las vacas del prado junto a la carretera siguen inalterables en su monótono proceder diario, unas pastando y otras tumbadas rumiando lo que han ingerido. Según me voy alejando voy repasando las sensaciones vividas esta mañana primaveral en Quintanas- Olmo y me respondo a mi mismo sobre la pregunta que me hacía antes de llegar de como me iba a encontrar el pueblo: en líneas generales IGUAL. Alguna mejora leve y algún empeoramiento leve también. Pero lo que está claro es que el pueblo está dormido pero sigue vivito y coleando como dice el dicho. El verano es su época. Un claro ejemplo más de pueblo deshabitado pero NO abandonado.
PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.



Foto cedida por Florencio Gómez.
Año 2017. La casa de Paulino García y Cándida Garrido. Tuvieron cuatro hijos (Pili, Joaquina, Tomás y Ursi). Se repartieron por Guipúzcoa.






Foto cedida por Florencio Gómez.
Año 2017. La casa de Florencio Pérez y Demetria Garrido. Tuvieron cinco hijos (Encarna, Julián, Fidel, Avelina y Mari Luz). La emigración los repartió entre Bilbao y Eibar.

Foto cedida por Florencio Gómez.
Año 2017. La casa de Estanislao Gómez y Saviniana Herrero. Tuvieron cuatro hijos (Asunción, Irene, Carmen y Ovidio). Al fallecer Saviniana, Estanislao se casó de segundas con Emilia Rodríguez, con la cual tuvo dos hijos (Delfina y Juan José). La emigración llevó a la familia hasta Bilbao.



Año 2024. Fuente y pilón.

Año 2024. Viviendas en el barrio de Abajo.

Año 2009. La casa de la tía María (María Saiz Pérez).






Año 2024. Cementerio.