Castellar (Huesca)

Sobre un otero en las alturas de La Solana se asienta el pequeño pueblo de Castellar. Ubicado a 1315 metros de altitud, cinco casas la componían: Viñola, Marcelo, Palacio, Miguel Giral y Melchor, aunque solo las tres últimas llegaron a estar habitadas en las décadas anteriores a la despoblación definitiva.
Tuvieron luz eléctrica desde los años 40.
El agua para consumo lo tenían en la fuente Fanzueca, en el camino a Burgasé, a quince minutos del pueblo.

"En cada casa había un pozo que se abastecía de agua de lluvia recogida de los canalones, nosotros además teníamos un pozo subterráneo junto a los huertos, a diez minutos del pueblo por el camino de Burgasé". JOVITA PALACIO.

Sus tierras de cultivo estaban sembradas principalmente de trigo y cebada. Llevaban a moler el grano al molino de Jánovas.
La oveja era el animal de referencia en la ganadería.
Era costumbre matar dos cerdos al año en cada casa en época de matanza.
Conejos, liebres y perdices suponían un buen reclamo para los aficionados a la caza.

Ártica
Barranco Buxo
Caseta Laña
Cambo Caixigo
Cambo Fenal
Camino Burgasé
Corne
Coroneta
Faja
Fanzueca
Felechar
La Laña
Lañeta
Mallatil
Plandevilla
Pozo

**Son algunos topónimos de lugares comunes de Castellar que quedaran para siempre en el recuerdo de las gentes que habitaron el pueblo**


No había escuela en Castellar y así a los niños en edad escolar les tocaba asistir a la de Cajol.

"De Castellar íbamos nueve, seis de casa Palacio y tres de Miguel Giral, si llovía nos quedábamos a comer en casa Agustín de Cajol, porque mi madre era nacida allí. Si el tiempo acompañaba íbamos a comer a Castellar y volvíamos".
JOVITA PALACIO.


El cura venía desde Burgasé para realizar los oficios religiosos.
El médico acudía en casos de gravedad desde Fiscal, aunque se recurría a menudo a las buenas mañas del practicante de Lacort.
El cartero subía desde Burgasé a repartir la correspondencia, previamente había bajado a Lacort a recogerla.

Para hacer compras se desplazaban a los comercios de Lacort o al de casa Clara de Burgasé que se bajaron a vivir al puente de Las Guargas junto a la carretera.
Vendedores ambulantes de variada procedencia aparecían periódicamente por Castellar.

"Recuerdo uno que procedía de Castejón y vendía hilos, agujas, paños y similares. También subía Forraje de Boltaña que vendía más o menos lo mismo. Y me acuerdo también del señor Manuel del mesón de Latre que venía vendiendo miel".
JOVITA PALACIO.


Celebraban sus fiestas patronales para la Virgen del Pilar, el 12 de octubre. La fiesta pequeña era para San Saturnino el 29 de noviembre.

"La fiesta del Pilar duraba dos días. Se hacía misa y procesión y luego el baile en la era Melchor, si hacía malo en el salón de nuestra casa (Palacio). Los músicos eran los Baixa de Laspuña, un padre y sus dos hijas, con guitarra, violín y acordeón. En otras ocasiones venía Roberto de Boltaña y Daniel de Javierre. Acudía gente de Cajol, Semolué, Burgasé y algunos pueblos de Solana más alejados. En mi casa nos juntábamos unos doce para comer y alrededor de una veintena de personas para la cena. Muchos se volvían para sus pueblos después del baile y los que no se les acomodaba en cualquier estancia de la casa. Era costumbre el primer día de la fiesta comer sopa y carne y verduras y chiretas para la cena. Al día siguiente pollo y cordero.
Para la fiesta de San Saturnino no se hacia nada". JOVITA PALACIO.


"Yo estuve una tarde y una noche. Fuimos dos desde mi pueblo (Ginuábel). Éramos toda la juventud personas conocidas, de Cajol, Burgasé, Semolué, Gere y Ginuábel, además de los de Castellar. Me acuerdo que nos hicieron buena acogida y una buena cena. Lo hicimos en casa Palacio porque teníamos algo de amistad, era donde había chicos y chicas de nuestra edad, ellos venían luego a la fiesta de Ginuábel. Recuerdo que el baile se hizo en la sala de casa Palacio. Había pocas chicas para bailar, tocábamos a tres mozos por cada una. Con la chica que a mí me gustaba no pude bailar. Después de la cena y del baile nos volvimos para nuestro pueblo". LUIS BUISÁN, de casa Salas de Ginuábel.

Castellar como todos los pueblos de La Solana estaba condenado a "morir" por culpa de la repoblación forestal que se hizo en la zona por parte del Patrimonio Forestal del Estado con los cuales se tuvo que llegar a un "acuerdo" forzoso/voluntario para la venta de los pueblos. Pero aún así antes de que llegara la "estocada" definitiva mucha gente ya había cogido el camino de la emigración y en el caso de Castellar se acentuaba con estar lejos de todo y cerca de nada, la ausencia de servicios básicos y las malas comunicaciones. Castellar pasó a engrosar la lista de pueblos deshabitados cuando los moradores de Casa Palacio cerraron la puerta de su casa sobre el año 66. Barcelona fue el lugar elegido por varias familias para iniciar una nueva etapa en sus vidas.

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Visitas realizadas en junio de 1998 y mayo de 2025.

Informante: Jovita Palacio de casa Palacio. Testimonios recogidos por medio de su hijo Miguel Ángel Cazcarra. Gracias Miguel Ángel por tu colaboración.

Punto y aparte. Después de haber pasado toda la mañana en el pueblo de Cajol y nada más terminar de comer mis vituallas me dirijo a visitar el cercano pueblo de Castellar, situado a poco menos de dos kilómetros. Tengo buen recuerdo de este pueblo de mi anterior visita veintisiete años antes (1998). El camino va ascendiendo suavemente para luego iniciar otra bajada sin mucho desnivel y ya con las edificaciones de Castellar a la vista sobre un cerro y envueltas en una capa de vegetación.
La entrada al pueblo es maravillosa, con esos ciclópeos muros de piedra seca de un acabado impresionante que servían para delimitar el camino de las fincas. Alguna borda y su correspondiente era son las primeras en aparecer, para después pasar junto a la herrería, rehabilitada como uso habitacional por alguno de los neo rurales que se instalaron en el pueblo. A continuación está la casa más fuerte del pueblo: casa Palacio, voy con curiosidad de ver como me la voy a encontrar, la fachada principal está prácticamente igual, aunque ya no se puede acceder al interior, el patio está invadido de vegetación y ya no se puede contemplar la belleza de su arquería que contorneaba todo el recinto.
Me encamino a visitar su coqueta iglesia. La torre ha sido devorada por la hiedra. Se puede entrar al interior del templo, el cual tiene bastante vegetación y cascotes por el suelo, pero lo que más hay que lamentar es el desgaste de las pinturas murales de las paredes, ya casi borradas por la humedad.
La blanquecina casa de Miguel Giral continua básicamente igual, un poco de desgaste en el revoco de la fachada pero por lo demás igual.
Otro de los detalles arquitectónicos de los que podía hacer gala Castellar es del buen numero de bordas y pajares que poseían y que han resistido bastante bien el paso de los años. Precisamente de una borda recuperada para vivienda sale un neo rural cuando me ve pasar por la calle a través de la ventana. Entablamos una escueta conversación, me comenta que ahora mismo son dos las personas que viven en Castellar, aunque en estos momentos está él solo. Me cuenta de manera liviana los avatares de su vida allí y al cabo de unos minutos damos por finalizada la conversación, él se mete al interior de su hogar y yo continuo camino por la calle aunque poco más puedo andar ya porque en esta parte baja del pueblo es donde más se acentúa el deterioro de Castellar, el transito está imposible por algunos sitios y no puedo ver tramos de calles ni edificios que años atrás si pude hacer. Toca volver y otra vez me sitúo ante la plaza de la iglesia. Una sensación de melancolía y tranquilidad me invade. Cuanta quietud. No hay nada que altere el silencio y la soledad. Me vuelvo a meter en el patio de casa Palacio por si me hubiera dejado de ver algún detalle pero no. La visita a Castellar toca a su fin. Los muros delimitadores del camino parece que están haciendo el pasillo de despedida al visitante que esta tarde se ha aventurado a visitar un lugar poco frecuentado y alejado de todo.
Veintisiete años dan para mucho pero en el caso de Castellar hay que decir que su decadencia no es exagerada como si ocurre en otros sitios.


Año 2025. Camino de Cajol a Castellar.




Año 2025. Llegando a Castellar.




Año 2025. Entrando en Castellar. Muros de piedra seca delimitando el camino.



Año 1998. La herrería. El herrero subía desde Burgasé.




Año 1998. Borda de casa Palacio.




Año 2025. Entrada al patio de casa Palacio.




Año 2025. Casa Palacio. Años atrás se llamaba casa Pascual. Estaba habitada por el matrimonio formado por Ramón Palacio y María Ferrer, nacida en casa Agustín de Cajol. Tuvieron seis hijos: Leonor, Ramón, Conchita, José, Jovita y Roberto. Con el temprano fallecimiento del amo de la casa a la edad de 38 años, María Ferrer se casó en segundas nupcias con Francisco Santolaria de casa Melchor, con el que no tuvo descendencia.
En los últimos años vivieron en la casa el nuevo matrimonio y dos de los seis hijos: Roberto, que estaba soltero y Ramón, el cual estaba casado con Ascensión Buisán y con la que tuvo una hija: María José Palacio. Estas seis personas fueron las últimas que marcharon de Castellar. Emigraron a Barcelona, adonde había ido previamente el resto de la familia.



Año 2025. Balcón de la casa y placa con inscripción: Año 1876 PAO (posiblemente abreviatura de Palacio).



Año 1998. Bajos porticados de casa Palacio y entrada a la vivienda.



Año 1998. Pajar de casa Palacio, situado por detrás. Se usaba para guardar hierba.



Año 1998. Borda de casa Palacio.




Año 1998. La iglesia de San Saturnino.




Año 2025. Interior de la iglesia. Mesa del altar mayor. Desgaste de las pinturas murales. Puerta de la sacristía.



Año 1998. Pinturas murales. Detalles: angelotes, cáliz, sagrado corazón.



Año 1998. Pinturas murales. Detalles: báculo, mitra, campana.



Año 1998. Casa Miguel Giral. Los hermanos Latre Lobez: Antonio, Mercedes y Rosa fueron los últimos que la habitaron. Emigraron a Barcelona.



Año 1998. Calle de Castellar y entrada a casa Viñola. Sus propietarios se fueron en 1925 a Argentina. La compraron los de casa Palacio para guardar animales.



Año 2025. Edificaciones en ruinas.




Año 2025. Saliendo de Castellar por el camino de Cajol. Muros delimitadores perfectamente conservados.