Loranquillo (Burgos)

Loranquillo es un pueblo deshabitado situado en el valle del río Tirón, en la comarca de Belorado. Actualmente es una pedanía de Quintanaloranco.
El pueblo esta recostado en una suave ladera de un angosto vallejo. Constaba de una veintena de viviendas.
Tuvieron luz eléctrica procedente de una pequeña central molinera cerca de Fresno de Rio Tirón.
Sus tierras de cultivo estaban dedicadas principalmente al cereal (trigo y cebada).
Para moler el grano se desplazaban al molino de Fresno de Río Tirón.
Los rebaños de ovejas que tenía cada familia eran el aporte ganadero al pueblo. Cobraba importancia también una pequeña dula de ganado mular.

Arroyo Valdesalguero
Camino a Fresno
Campolaseras
Campolauna
Cerro de los Robles
La Salina
Las Castrillas
Las Pedrosas
Las Revillas
Loranco
Los Linares
San Román
Valladar Gordo

**Son algunos topónimos de lugares comunes de Loranquillo que quedaran para siempre en el recuerdo de las gentes que habitaron el pueblo**


Celebraban sus fiestas patronales el día 29 de septiembre honrando a su patrón: San Miguel.
En mayo acudían en romería junto con otros pueblos al convento de San Vitores en Fresno de Rio Tirón.

Se desplazaban los sábados a Briviesca para la feria de ganado. Aprovechaban para comprar productos de primera necesidad que no había en el pueblo.
Debido al poco arbolado aprovechable que tenían en sus montes se desplazaban a buscar leña hasta Espinosa del Monte y San Miguel de Pedroso.
Había taberna en el pueblo.
Los jóvenes acudían los domingos al cercano Quintanaloranco donde había baile y cine.

Uno de los mayores problemas que tenían era la ausencia de agua pues aunque había fuente, esta era de composición yesosa y no era apta para el consumo por lo que los loranquillanos tenían que ingeniárselas para canalizar el agua de lluvia por medio de canalones hasta unas tinajas donde la almacenaban. Aun así en épocas de sequías les tocaba ir con cantaros llevados en machos hasta Fresno de Río Tirón adonde también acudían las mujeres a lavar la ropa puesto que la de Loranquillo era también dura para este menester.
En el año 1935 hubo un intento de sacar provecho a una fuente que había a la entrada del pueblo llamada la Salina que decían que era un eficaz remedio para cuando una persona o animal estaba empachado. Fue promovida por Fermín Saja, loranquillano de nacimiento y persona muy influyente en la época, que junto a las gentes del pueblo se pusieron manos a la obra para intentar comercializar estas aguas salobres, intento que murió al poco tiempo.

El problema del agua unido a que no había expectativas de futuro en el pueblo hizo que los loranquillanos se fueran marchando por la carretera (que lleva más de 50 años construida) rumbo a Burgos, Briviesca, Belorado y Vitoria.
Los hermanos Ruiz (Ascensión y Julio) invidentes ambos, fueron los últimos en marchar de Loranquillo hacia el año 1996.
Desde entonces el pueblo es frecuentado por agricultores y por descendientes de los que se fueron que han arreglado algunas casas para dar un poco de alegría a Loranquillo en verano y fines de semana.

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Fuente de información: Libro: "Los pueblos del silencio" de Elías Rubio Marcos.

Visitas realizadas en abril de 1992, febrero de 1995, abril de 2009 y mayo de 2026.

Punto y aparte. Es la cuarta visita que hago a este sorprendente pueblo burgalés. Treinta y cuatro años de diferencia entre la primera y la última, pero a pesar de tantos años transcurridos Loranquillo no ha acusado en exceso el paso del tiempo. Algo de deterioro en algunas edificaciones, alguna también mejorada y otras mantenidas para evitar su empeoramiento. Siempre me ha llamado la atención el voluminoso tamaño de muchas de sus casas, lo que da más realce a su lucha por mantenerse en pie en el mundo de los pueblos vivos. Es un conjunto excelente de caserones con buenas muestras de arquitectura popular (algunas un poco modificadas).
En esta tarde primaveral de mi última visita está diluviando cuando llego hasta sus muros, con lo cual me toca quedarme dentro del coche a esperar a que escampe. Hecho que se produce pasados veinte minutos. Cuando empiezo a caminar todo el suelo está bien "alfombrado" de la lluvia caída. El olor a tierra mojada impregna el ambiente. Enseguida me encuentro ante su preciosa calle Mayor y ya veo que el olvido y el abandono ha hecho mella en alguna de sus edificaciones. Han perdido el tejado y es cuestión de tiempo que estas casas colapsen. Lluvias como la caída hace unos minutos se ensañan con los tejados cuando estos no tienen mantenimiento y una simple gotera puede hacer que se derrumbe todo un edificio. Pero es el precio a pagar, la decadencia va haciendo acto de aparición. Por lo menos la casona de más empaque situada en el centro de la calle se va manteniendo, como también alguna de las puertas de buena carpintería tallada. Llego hasta la plaza y aquí sigue todo igual, buenos ejemplares de viviendas, en algunos casos se nota que reciben visitas esporádicas y en otros simplemente son mantenidas para evitar que se vengan abajo. Su precioso jardín central ha ganado en presencia y en esplendor y aporta ese toque de cuidado para dar calidez a esta zona central del pueblo. Me asomo a la pequeña vega que se sitúa a espaldas del pueblo, poco por aquí, la fuente, alguna casa que ya no existe, otra que agoniza, y algún cartel de se vende que a tenor del tiempo que lleva puesto no ha llamado mucho la atención de un posible comprador.
Vuelvo a la plaza otra vez y después de escudriñar algún recoveco y alguna casa enmalezada, encamino mis pasos por la calle que en ligera cuesta me llevará a la iglesia. Antes paso junto a la última casa que se cerró y rememoro la ocasional conversación que tuve con sus moradores, los dos hermanos invidentes que aguantaron hasta el final en Loranquillo. No esperaba encontrarme a nadie en el pueblo (1995) y aquella visión de dos ancianos sentados en el poyo de su casa me llamó la atención. Una charla amena de unos ocho minutos es lo que dio de si mi encuentro con aquellos numantinos resistentes del lugar. Hoy día veo que la casa esta arreglada y con signos de recibir visitas.
El grandioso templo ya se muestra ante mis ojos. Como no podía ser menos ante el tamaño de las casas, la iglesia tampoco se queda atrás y es de considerable volumen. Nunca había podido acceder a su interior en mis visitas precedentes pero en esta ocasión lamentablemente si. No ha podido aguantar más tiempo de preservar su interior a curiosos y gamberros. Me adentro en ella y contemplo un espacio diáfano, grandioso. Poco a nivel ornamental que ver, una pila bautismal en un rincón, una cruz de madera sobre el altar mayor, el suelo enlosado y en el lado negativo los preocupantes boquetes que han perforado el tejado que hacen que el futuro del templo sea muy alarmante. También localizo en este interior una de las escenas de la película La bola negra, cuando el protagonista huyendo de los bombardeos que asolan su pueblo trata de refugiarse en el interior de la iglesia.
Salgo al exterior y por un corto camino en cuesta llego hasta las eras, buen numero de ellas con sus correspondientes pajares se sitúan en la parte más alta del lugar. Desde aquí tengo Loranquillo a mis pies. Y puedo observar con total nitidez las perforaciones sufridas en el tejado de la iglesia, dos en la nave y una en la torre. Mal presagio. Después de estar unos minutos en mi atalaya contemplando los tejados de Loranquillo desciendo otra vez hacia el núcleo central del pueblo. La visita va tocando a su fin. Me voy de aquí con muy agradables sensaciones (igual que en mis anteriores visitas). El pueblo de las casonas. Un lugar muy bonito. No sé si en años posteriores habrá ocasión de hacer una nueva visita a Loranquillo. ¿Cómo me encontraré la iglesia y el resto del pueblo?


PUBLICADO POR FAUSTINO CALDERÓN.

Año 1992. Placa en azulejo con el nombre del pueblo ubicada en una fachada (ya desaparecida).



Año 2026. Entrando al núcleo central del pueblo.




Año 2009. Calle Mayor.




Año 2026. Buen caserón de piedra de sillería en la primera planta y de ladrillo en las de arriba.



Año 2009. Calle Mayor, llegando a la plaza.




Año 1995. Plaza de Loranquillo.




Año 2009. Plaza de Loranquillo.




Año 2026. Plaza de Loranquillo.




Año 2009. Viviendas en un costado de la plaza, orientadas hacia el sur.



Año 2009. Vivienda de buen volumen en un lateral de la plaza. La puerta y las ventanas se concentran en la misma fachada, orientada hacia el sur para aprovechar mejor los rayos solares.



Año 1992. Voluminosa vivienda (ya caída).




Año 2026. Estampa primaveral en Loranquillo.




Año 2009. Calle de la iglesia.




Año 2009. La última casa que se cerró en Loranquillo.




Año 1995. La iglesia parroquial de San Miguel de Loranquillo.



Año 2009. Iglesia de San Miguel Arcángel. Algunos objetos de culto han sido trasladados a otros lugares (en concreto el retablo del altar barroco fue llevado a una parroquia del barrio de las Fuentecillas en Burgos, y algún copón y un relicario están en el museo parroquial de Cerezo de Río Tirón).



Año 2026. Estado actual de la iglesia. Hasta tres boquetes se contabilizan en el tejado, con lo cual el futuro no es muy halagüeño para el templo.



Año 2026. Interior de la iglesia. En este plano se rodó una secuencia de la película La bola negra.



Año 2026. Interior del templo.




Año 2009. La casa rectoral, situada detrás de la iglesia.




Año 2026. Vivienda.




Año 2009. Solida vivienda de piedra trabajada (sillería), aguanta bien el paso de los años en su aspecto exterior.



Año 2026. Calle Mayor, hacia la salida del pueblo.




Año 2026. Final de la calle Mayor, saliendo del pueblo.




Año 2026. La fuente. No era apta para consumo.




Año 2026. Era de trillar y pajares para guardar aperos y maquinaria agrícola.