Campol (Huesca)

Ubicado en el sector más oriental de la subcomarca de La Solana, se asienta el hermosísimo pueblo de Campol, a 1070 metros de altitud sobre una estrecha y alargada faja del terreno por encima del barranco A Espuña.
Pertenecía al ayuntamiento de Burgasé y tenía como agregados los barrios de San Felices, Puyuelo, Villamana y San Martín de Solana.
Nueve viviendas conformaron la población (siete de vecinos, más la casa de la escuela y la casa cural).
Su nomenclátor poblacional menciona que contaba con 50 habitantes a mitad del siglo XX teniendo a partir de entonces un descenso vertiginoso que concluyó con su despoblación en la década de los años 60.
Tuvieron luz eléctrica desde los años 40 por medio de una línea proveniente del molino de Jánovas.
Para consumo de agua tenían una fuente (O Paco) a diez minutos de Campol. Por medio del pueblo pasaba una acequia que venía desde el barranco O Furco y servía para beber los animales y regar los huertos. Para lavar la ropa, las mujeres bajaban hasta el barranco Espuña.
Los inviernos eran bastante duros en Campol con dos o tres nevadas al año que duraban varios días y que superaban el medio metro de espesor.
Sus fincas de cultivo estaban sembradas principalmente de trigo, y en menor cantidad de ordio y avena. Se bajaba a moler el grano al molino de Jánovas y en los últimos tiempos a la harinera de Boltaña.
Todas las casas tenían su horno para hacer el pan.
La oveja era el animal sobre el que se sustentaba la ganadería. Venían los carniceros de Boltaña a comprar los corderos.
En época de matanza se sacrificaban dos cerdos al año en cada casa. Alguna familia solamente uno.
La perdiz y el conejo eran los reclamos para los aficionados a la caza.

A Artigaza
A Celata
A Collata
A Pera
A Plana
A Viña
As Peñetas
Camino de San Martín
Camino de Yeba
Campaniellas
Campo Basa
Comaichín
Nabaín
O Grau
O Solano
O Tozal de Ezquerra
O Tozón
Os Canals
Os Forcaz

**Son algunos topónimos de lugares comunes de Campol que quedaran para siempre en el recuerdo de las gentes que habitaron el pueblo**


Celebraban sus fiestas patronales el 8 de septiembre, dedicadas a La Natividad de la Virgen. Tenían una duración de tres días. Se hacía ronda con los músicos por las casas donde sacaban a la comitiva tortas y porrón de vino. Se daba misa cantada por los músicos el primer día. Se mataba un cordero o una machorra en cada casa para compartir con los invitados. El baile se hacía en la era de Antón López amenizado por los músicos de Burgasé o los de Borrastre. Acudía la juventud de San Felices, Villamana, Puyuelo, San Martín, Yeba...

"En mi casa igual nos juntábamos veinte personas a comer y a dormir, venían los hermanos de mi padre con sus respectivas familias, con buena voluntad se solucionaba el tema del alojamiento, en cualquier rincón de la casa había alguien durmiendo". FRANCISCO VIÑOLA.

El 18 de julio las gentes de Campol y los barrios iban en romería hasta la ermita de Santa Marina, junto al pico Nabaín. Acudían también gentes de Ascaso, Lavelilla y Morillo de Sampietro. Se repartía la caridad y se hacía comida campestre. Después de la guerra empezó a perder intensidad este día festivo. A la misma ermita se había subido previamente el 22 de mayo para honrar a Santa Quiteria puesto que se veneraba en ella a las dos santas.
Los domingos se hacía baile a nivel local en la escuela de Campol. Acudía la juventud de los barrios: San Felices, Puyuelo, Villamana y San Martín. De la música se encargaba Miguel, de casa Sánchez que tocaba el acordeón. Además del baile bebían vino y jugaban a las cartas. En algunas ocasiones este día de ocio dominical se celebraba en el salón de la casona de San Martín por ser el sitio más céntrico para todos los pueblos.

El cura venía a oficiar los servicios religiosos desde Burgasé.

"Don Jacinto venía cada quince días a dar misa desde Burgasé. Se bajaba el sábado por la tarde y se quedaba a dormir en nuestra casa (Antón López). Daba misa el domingo por la mañana y luego iba a Giral y desde ahí se volvía para su pueblo". FRANCISCO VIÑOLA.

El médico venía desde Fiscal cuando la situación lo requería, otras veces era el practicante de Lacort el que solucionaba la dolencia si no era de mucha gravedad.
Agustín, el cartero de Lavelilla venía andando a repartir la correspondencia.
El herrero venía desde Burgasé o desde Jánovas.
Anselmo de casa Sánchez realizaba el oficio de barbero para los hombres y niños de Campol y los barrios.

Para hacer compras se desplazaban a los comercios de Lacort. En ocasiones alargaban el viaje e iban hasta Boltaña, sobre todo en temporada de feria (23 de abril y 19 de octubre). Para abastecerse de vino lo compraban en Lacort (comercios de Marcial y Revilla). Vendedores ambulantes con alguna caballería aparecían por Campol provenientes de diversos lugares: Boltaña, Escalona, Colungo, Guaso...

Al llegar los años 60 Campol mantenía cuatro casas abiertas. El futuro no era muy halagüeño, el progreso no llegaba y la llegada de Patrimonio Forestal del Estado a La Solana para repoblar toda la zona de monte de pinos y con ello evitar el arrastre de piedras, sedimentos y barro hacía el proyectado pantano de Jánovas fue la puntilla. Mediante una compra voluntaria/ forzosa de todos los pueblos del valle, las gentes se vieron obligadas a marchar.
Para el año 1965 Campol ya estaba vacío. Sus habitantes se repartieron por San Lorenzo del Flumen, Barbastro, Boltaña o Barcelona para iniciar una nueva etapa en sus vidas.

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Visitas realizadas en junio de 1996 y mayo de 2025.

Informante: Francisco Viñola de casa Antón López (Conversación personal mantenida en un establecimiento de hostelería de San Lorenzo del Flumen).
Otras fuentes de información:
-Revista Viello Sobrarbe, artículo de Alegría Viñola: Mis trece años en Campol.
-Libro de Carlos Baselga: La Solana, vida cotidiana en un valle altoaragonés.


Punto y aparte. Veintinueve años han transcurrido entre mis dos visitas a Campol. Dan para mucho, generalmente casi siempre a peor y en este pueblo no iba a ser una excepción. Pero aquí no ha sido el deterioro excesivo de las casas (que también) sino la avasalladora vegetación que va haciendo su trabajo de recuperar su terreno. En mi primera visita (1996) me pareció uno de los despoblados más hermosos de Huesca. Pese a estar en lo alto de un cerro en un lugar abierto y expuesto al azote de todos los fenómenos meteorológicos se encontraba en bastante buen estado. Todas las casas en pie con sus tejados correspondientes, lo mismo la iglesia y la escuela. El transito por su única calle era un deleite visual. Un pueblo que te atrapaba con su encanto. Un lugar para observar, contemplar y admirar, y también para disfrutar de las maravillosas vistas que se tenían desde esta elevada población. Vistas dicho sea de paso que no creo que fueran muy del agrado de los antiguos pobladores. Mirarían con sana envidia las buenas tierras que había en la ribera del río, llanas y cultivables y si lo comparaban con las de Campol, en terreno escabroso y elevado, pues... Pero estas vistas si las podemos disfrutar los que hoy día nos aventuramos por ocio por estos parajes.

Hago mi segunda visita a Campol en esta mañana primaveral, con cielo despejado pero con ambiente fresco. Tengo ganas de volver a ver este pueblo de La Solana. Voy expectante. Cuando llego al improvisado aparcamiento (una era de trillar) veo que hay tres coches aparcados. Sospecho que no voy a estar solo y se romperá el factor soledad, pero curiosamente no veré a ninguna persona durante mi estancia de algo más de una hora. Si veo vacas pastando por allí, con su serena quietud como solo estos animales saben hacer. Desde lo alto ya contemplo el perfil del pueblo en su disposición alargada. Enseguida veo mucha vegetación contorneando las diferentes edificaciones y ausencia de algunos tejados. Comienzo a adentrarme en su trazado urbano por su única calle, mucha vegetación a modo de arco me recibe, entre arbolado, matorral y plantas trepadoras. Casa Ezquerra y Martín Périz, las dos casas fuertes del pueblo han perdido prestancia, aguantan todavía medianamente en pie, pero la primera está en franca decadencia y a la segunda una muralla vegetal impide acercarse a ella.
Me dispongo a seguir caminando, la herrería, a mano derecha de la calle se ha venido abajo, casa Sánchez que está pegada a ella también se encuentra saturada de vegetación. Enfrente se encuentra casa Pedracor, aquí oigo voces en su interior y algún ruido pero no veo a nadie. Tiene tejado de nuevo diseño y ha sido recuperada. Continuo el camino por la calle y llego a los dominios de la escuela. La hiedra y las plantas trepadoras hay veces que le dan un poco de encanto a algunos edificios pero en el caso de la escuela de Campol no, la afean horriblemente. El edificio se mantiene en pie pero la maraña vegetal que se ha apoderado de su fachada le da un aspecto selvático, de dejación. No agrada la vista y más cuando yo la pude contemplar años atrás y me encontré un edificio hermoso, donde todavía se podía entrar al interior. En fin, es el precio del abandono, que las ruinas casi siempre son bonitas, pero en el caso de la escuela de Campol no, debido a los "adornos" que la "engalanan" no la lucen.
Por una abertura de la calle en su lado izquierdo salgo a la plaza de la iglesia. La abadía es otro edificio que no se puede contemplar actualmente, por su empeoramiento y por la maleza que la cerca. Sin embargo la iglesia sigue prácticamente igual. El tejado más deteriorado, hiedra en la torre y en la parte trasera. Pero la fachada que mira al valle sigue con ese aire sobrio. Curiosamente en mi primera visita no pude acceder al interior porque su puerta todavía protegía el interior de las miradas de los curiosos, pero ahora ya no, ni siquiera existe la puerta, así que el paso es franco. Dentro, lo normal en estos templos dejados al abandono y al olvido: vegetación, vigas y piedras caídas, desgaste de las pinturas murales y ausencia total de ornamentos religiosos. Solo la sencilla pila bautismal y la mesa del altar mayor resisten, lo demás nada. No encuentro más detalles de interés. Salgo al exterior, dedico unos minutos a contemplar las vistas que se ven "abajo". Buena visión de un amplio terreno. Al lado del templo el sencillo edificio del esconjuradero sigue igual, en estado ruinoso pero en pie, aunque al interior no se puede entrar. Por este lado de la iglesia salgo otra vez a la calle única del pueblo. Me quedan por ver algunas casas, en especial la de Antón López, con su fachada principal en paralelo al caballete del tejado y con un bonito balcón en el hastial de la casa. Aunque sin tejado, sigue aguantando como puede la vivienda pero con el acecho de la hiedra que minimiza la visión de la pared. Enfrente está casa Duaso con su bonita portalada de acceso y más allá casa Sisto sin nada de relevante. Al fondo sobre un peñón rocoso y dominando el pueblo se asienta el sencillo y pequeño transformador de la luz. Con ello se acaba el transito por el entramado urbano de Campol, articulado en torno a una única calle. Muy bonita, hermosa, hace treinta años, ahora ya no se puede decir lo mismo, pero es que el tiempo es implacable en estos lugares. Deshago el camino, voy a la inversa, veo las edificaciones desde diferente perspectiva pero no descubro más detalles de interés. En unos minutos estoy otra vez a la entrada del pueblo. Los mismos coches que había a mi llegada siguen ahí. Contemplo el pueblo antes de marcharme. Una preciosa visión hace años de su perfil sobre el terreno, ahora ya no es igual.
Me voy de Campol con un sabor agridulce, suerte que tuve la fortuna de contemplarlo casi treinta años antes y de aquella visión pude etiquetarlo como uno de los despoblados más bonitos de Huesca. Si lo tuviera que catalogar simplemente por esta última visita del 2025 no diría lo mismo. Es lo que hay. La degradación y la decadencia hacen estragos en los pueblos abandonados. Y sobre todo a estas alturas de la vida con un cuarto de siglo XXI consumido.


Año 2017. Imagen de Campol en su dominante posición sobre el terreno.



Año 2016. Panorámica en la lejanía de Campol y dos de sus barrios: San Martín y Puyuelo.



Año 2017. Visión lejana de Campol en el contraluz de la montaña con su silueta ondulante sobre el terreno.



Año 2025. Visión actual de Campol. La vegetación gana terreno, los tejados se deterioran. En primer plano la era de Antón López. Aquí se celebraban los bailes los días de la fiesta.



Año 1996. Vista de Campol por su lado noroeste. Fachadas traseras de casa Ezquerra (izquierda) y casa Martín Périz (derecha). De fondo la torre de la iglesia.



Año 2025. Entrando en Campol.




Año 1996. Comienzo de la calle (llamada de Santa Marina). Basa y fuste que estaba coronada por la cruz de término de Campol (ya desaparecida la cruz en aquellos años, en la actualidad tampoco existe el fuste). La torre de la iglesia asomando por encima de la vegetación. Rampa de acceso al yerbero de casa Ezquerra.



Año 2025. Casa Martín Périz (izquierda) y casa Ezquerra (derecha).



Año 1996. Casa Martín Périz y pajar a la izquierda.
Los últimos que vivieron en ella fue el matrimonio formado Ascensión Buisán y Julián Duaso (de casa Duaso). Al casarse los herederos de las dos casas se fusionó el patrimonio de ambas.
Tuvieron un hijo: Ramón.
Se marcharon a Barbastro.



Año 1996. Casa Ezquerra. Vivió en ella el matrimonio formado por Luciano y María (natural de Yeba). Tuvieron seis hijos. Emigraron a San Lorenzo del Flumen.



Año 2025. Calle de Santa Marina. A la izquierda pared de casa Pedracor. A la derecha la herrería, ya caída. Apenas visible la acequia que pasaba por el lado derecho de la calle.



Año 1996. Calle de Santa Marina. La herrería en pie con su tejado a dos aguas. Pegada a ella casa Sánchez con su esbelta chimenea.



Año 2025. Calle de Santa Marina. A la izquierda casa Sánchez. La habitó el matrimonio formado por Miguel y Escolástica (natural de Tricás). Tuvieron tres hijos. La emigración llevó a la familia a Boltaña.
A la derecha casa Pedracor y de fondo casa Ezquerra.



Año 1996. Escuela de Campol (planta baja), casa de la maestra (planta superior). Alrededor de una veintena de niños asistían a ella. Venían también los de San Felices, Villamana y San Martín. Doña Palmira, nacida en Agoncillo (La Rioja) estuvo aquí impartiendo enseñanza durante varios años. No utilizaba la casa habilitada para las maestras para no estar sola. Estaba de patrona en casa Antón López.

"En los tiempos que no había maestra subía una chica joven de Lacort que no tenía la carrera pero tenía conocimientos de enseñanza, así no desaprovechábamos el tiempo". FRANCISCO VIÑOLA.



Año 2025. La escuela de Campol en la actualidad. Casa Pedracor a la derecha.



Año 2025. La iglesia parroquial de Santa Marina. A la izquierda el esconjuradero.



Año 1996. Pórtico de acceso al templo.




Año 2025. Interior del templo. Pila bautismal. Capillas laterales (izquierda) y capillas cegadas (derecha). Altar mayor.



Año 2025. Esconjuradero. En tiempos antiguos se celebraba un ritual por medio del sacerdote para ahuyentar o desviar las tormentas para proteger las cosechas.

"Nunca vi hacer ningún rito ni esconjuro en su interior. Se usaba como almacén para guardar cosas de la iglesia así como cosas de algún particular".
FRANCISCO VIÑOLA.




Año 1996. La abadía.

"Siempre la conocí cerrada, no vi a nadie viviendo en ella ni que se le diera ningún uso". FRANCISCO VIÑOLA.



Año 1996. Parte de la fachada de la abadía y de fondo la escuela.



Año 2025. Casa Antón López. Se juntó el patrimonio con casa Pedracor al casarse los herederos de las dos casas, viviendo el matrimonio en esta y dejando la de Pedracor para guardar animales. La casa estuvo habitada por el matrimonio formado por Francisco y Pilar con los seis hijos resultantes de dos matrimonios que tuvo el amo de la casa. A la derecha casa Duaso. Al juntarse el patrimonio con la de Martín Périz al casarse los dos herederos, utilizaron aquella casa como vivienda y esta de Duaso la dejaron para guardar animales.



Año 1996. Balcón de casa Antón López. Puerta de casa Duaso. Torre de la iglesia.



Año 2025. Fachada trasera de casa Duaso.




Año 1996. Casa Sisto y al fondo casa Antón López.




Año 2025. Transformador de la luz.




Año 1996. Bordas y era de trillar de casa Sánchez.




Año 2025. Las vistas desde Campol de la Ribera de Jánovas. La casona de San Martín en el centro de la imagen.

Los que lo cuentan

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Ahora que el blog está enfilando su recta final justo es hacer una entrada dedicada a los verdaderos protagonistas de esta historia, los héroes invisibles que con su colaboración han hecho de está pagina su sello de calidad. Sin su aportación nada habría sido igual.
En estos tiempos del copia y pega siempre tuve claro que quería hacer algo diferente. Compartir las imágenes que veía pero con el añadido de escribir un texto para que todos supiéramos como era la vida cotidiana de manera resumida en estos lugares que mostraban las fotografías. Y que mejor manera de hacerlo que acudiendo a la mejor fuente de información posible: los que allí vivieron. Era una tarea ardua, laboriosa, de indagar, de preguntar, de llamar a muchas puertas, de recibir alguna negativa, de romper el hielo con personas que no te conocían de nada, que se mostraban extrañados (al principio) de que alguien viniera a preguntarles cosas de su pueblo cuando nadie se había interesado por ello.
Los primeros resultados fueron muy satisfactorios y me hicieron ver que ese era el camino a seguir. Así fui contactando con una persona y otra, y otra más... hasta llegar a los doscientos y muchos (cada reportaje de uno de los pueblos (salvo alguna excepción) hay un informante detrás, o dos, o un grupo de personas.
Son gente que se cruzaron en mi camino en el momento oportuno. Que me abrieron su corazón y su mente, que viajaron al pasado según me iban contando determinados aspectos de su vida pasada en el pueblo y que de paso yo viajaba con ellos en el tiempo escuchándolos.
Gentes con las que en muchos casos no hubo un segundo contacto, pero otros si, se generó una amistad mantenida hasta el día de hoy. Por desgracia varios ya no están en este mundo, lo cual es una verdadera pena porque son una generación que han tenido mucho para contar pero que lamentablemente en la mayoría de los casos nadie les ha escuchado.
Me siento orgulloso de haberles conocido, de haber disfrutado con sus testimonios y de haber generado una amistad efímera o duradera según el caso.
A todos ellos mi mayor agradecimiento porque este blog es lo que es hoy día gracias a ellos.

**Las personas que salen a continuación no van en orden de preferencia, van por orden alfabético según su pueblo natal**



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FELÍX MATEO, informante de Amunartia (La Rioja)

"Yo fui danzante en mis años mozos bailando delante del santo en la procesión, pero luego esta costumbre se fue perdiendo poco a poco al ir emigrando los jóvenes".

Preguntando en Ojacastro por alguien nacido en Amunartia me dieron razón de Félix. Me encaminé a su casa pero no estaba allí en ese momento, volví al cabo de un par de horas y ya si pude encontrarle. Le expliqué el motivo de mi visita y su contestación primera fue: ¿Quieres que vayamos a Amunartia? Dicho y hecho, iba a poder conseguir información del pueblo y que mejor manera que recorriéndolo en compañía de alguien que nació y vivió allí. Nos trasladamos a Amunartia y enseguida empezaron las amenas explicaciones de Félix de todos los sitios que íbamos viendo. En su cara se le veía que disfrutaba de lo lindo hablando de su pueblo y de que una persona foránea le escuchara. La mañana se nos paso en un periquete. Él encantado de haber hecho un viaje en el tiempo y yo más encantado de haber podido escuchar a una persona que tenía tanto para contar. ¡Qué gran recuerdo me llevé de Félix! Era la bondad personificada.



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JUSTA MONJA, informante de Avellanosa de Rioja (Burgos)

"Aunque no eras de Avellanosa, y así lo hiciste saber durante toda tu vida, amabas a Avellanosa más que a cualquier rincón de toda la Tierra. Por eso eres... La Justa de Avellanosa. Querida en todo sus contornos. Volviste para hacerte cargo de tu padre (que sí era de Avellanosa) y de tu hermano más pequeño, con ellos también vivía tu abuelo: tres hombres en una casa y una niña.
Te pusiste al frente, como una Juana de Arco, para traer el sustento diario a casa: que no faltara pan, tabaco y vino. Porque, cuántas veces nos contarías, que siendo una niña, día tras día, antes de la clara del día cogías la yegua cargada de leña por el camino abajo para venderla de puerta en puerta por dos pesetas, si llevabas dos yeguas, eran cuatro pesetas, y ese día, a lo mejor, hasta podías guardar alguna para ahorrar, para cubrir mayores necesidades. Salías por la mañana y volvías por la tarde-noche y lo que era peor es que al día siguiente, lloviera o hiciera sol, te esperaba la carga de leña para salir a venderla de pueblo en pueblo, sin salario, sin aliento, sin una caricia y sin un te quiero".

(Extracto de una carta dedicada por su hija Nati a su madre, Justa)

Cuando estaba transitando por las calles de Avellanosa y disfrutando visualmente con la maravillosa arquitectura de entramado del pueblo apareció ante mi una mujer pequeña, ágil, vivaracha y locuaz. Me hizo alguna pregunta sencilla y enseguida se mostro dispuesta a ser mi "cicerone". Me acompañó mientras estuve en Avellanosa, me explicó, me enseñó, incluso me llevó a ver las colmenas que tenía a las afueras del pueblo. Y en ocasiones me iba contando cosas sin que yo le preguntara, me dijo que era nacida en el cercano pueblo de Eterna y que estaba viuda desde hacia unos cuantos años.
Me fui entusiasmado por haber conocido un pueblo tan bonito y por haber compartido tiempo con una mujer tan singular.



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JOAQUIN FIGUERA, informante de Castarlenas (Huesca)

"Los lunes bajábamos a Graus (dos horas y media en burro), que era el día de mercado a suministrarnos de productos alimenticios y enseres que no teníamos en el pueblo"

Joaquín Figuera fue el primer informante de contacto personal que tuve. Con el dio comienzo mi recorrido exhaustivo en búsqueda de informadores por cualquier rincón de España.
Del resultado que diera mi primer encuentro con esta persona dependía él que yo siguiera con el tema de buscar testimonios orales de personas nacidas en los despoblados. Una negativa por su parte me podría haber desilusionado y hacerme ver que por ahí no iba por buen camino, que la gente no se me iba a "abrir en canal" para contar cosas de unos pueblos que no interesaban a nadie y a una persona que no conocían de nada. Y más en aquellos años que la palabra internet sonaba un poco raro y sobre todo en las personas mayores. Pero resultó todo lo contrario, cuando contacté con él en su casa de Torres del Obispo (Huesca), salió al balcón, le explique lo que quería y me invitó a subir a su casa. Me ofreció todas las explicaciones que yo quise, me mostró algunos recortes de prensa donde se hablaba de su pueblo y me dio la posibilidad de que volviera cuando quisiera. Salí encantado de aquel encuentro con Joaquín y ello me hizo ver que la vía de los informantes era el buen camino. Por sacarle algún pero, aquel fue mi primer encuentro personal de preguntas- respuestas y se me quedaron bastantes cosas sin preguntar, matices que fui perfeccionando con los años.



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TONET GASET, informante de Claramunt (Lleida)

"Yo tenía treinta y cinco años cuando se marchó la gente de Claramunt".

El "robinsón" del Pallars, el solitario de Claramunt. Sabía de su existencia pero no le encontraba en el pueblo. La plaza de la iglesia donde él vivía estaba vallada y no podía acercarme. Tuve que dar unas voces y unido a los ladridos de los perros, terminó por asomarse por el balcón de su casa, le dije que quería hablar con él sobre su pueblo. Se lo tomó con naturalidad, ni le entusiasmó ni le desagradó, al principio tenía un poco de desconfianza, pero luego ya al ver mis buenas intenciones y mis preguntas sanas fue cogiendo confianza y se mostró más locuaz. Pasado, presente y futuro salieron a flote aquella tarde en que el sol ya estaba a punto de esconderse, me enseñó el interior de la iglesia, me nombró cada casa, me dio detalles de tiempos pasados, en la plaza del pueblo me contó aspectos de las fiestas patronales, me acompañó hasta la salida del pueblo. Me despedí de él y me deseó buen retorno hasta la carretera y que tuviera cuidado con los imprevistos que pudieran surgir en el camino porque la noche ya estaba encima. Quedé encantado de haber podido compartir una tarde con el último de Claramunt.



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CONCHI LASANTA, informante de El Vallejo (Soria)

"Yo me juntaba con mis amigas Juani y Merche. Estábamos siempre juntas, con cualquier cosa nos entreteníamos, luego ya cuando atardecía nos decían nuestras madres que fuéramos a buscar a los abuelos que estaban por ahí pasando el rato para que no volvieran solos a casa".

Conocí a Conchi en un encuentro de antiguos vecinos y allegados en el pueblo de El Vallejo en las Tierras Altas sorianas.
Le conté el cometido que me había llevado hasta allí y enseguida se puso a mi disposición para lo que quisiera saber.
Persona locuaz, agradable y muy cercana, te da confianza desde el primer momento. En su compañía recorrí las calles de su pueblo y me iba explicando quien vivía en cada casa además de otros pormenores sobre el pueblo. El tiempo aquel día no daba para más, así que hubo multitud de preguntas y respuestas vía telefónica y vía whatsapp en dias posteriores. La bombardeé a preguntas aprovechando su buena disposición a colaborar. Abusé de su confianza pero creo que el resultado mereció la pena. Queda pendiente un encuentro en Tudela, su lugar de residencia.



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JUAN DEL VAL, informante de Fresneda de Sepúlveda (Segovia)

"Yo no era de bailar, a mi me interesaba más la música, me encantaba escuchar a los grandes maestros de la dulzaina cuando venían a tocar a Fresneda o a las fiestas de pueblos cercanos. De los doce a los quince años fui de pastor con las ovejas y me fabricaba pitos (instrumento de la familia de las flautas) con palos de sauco, empezaba a tocar melodías que aprendía de oído. Al cabo de unos años los dulzaineros en las fiestas de Fresneda me dejaban tocar una pieza".

Indagando en Duruelo sobre algún nativo de Fresneda, me dijeron: pregunta por Juanito de la Fresneda, el dulzainero. Así lo hice, unas mujeres me dieron la seña de su casa, pero no se encontraba allí, así que le esperé en un banco junto a la puerta. Al cabo de una media hora se presenta una persona en bicicleta y se me queda mirando, enseguida intuí que sería Juanito de La Fresneda. Venía con curiosidad porque unas personas le habían dicho que había un forastero preguntando por él. En un primer momento pensó que quería hablar con él por algo relacionado con su gran pasión: la dulzaina. Pero enseguida le hice ver que no, que mi principal interés era saber cosas de su pueblo, de Fresneda, a lo que se mostró encantado.
Amena conversación en la calle y posteriormente en su casa donde además de darme multitud de detalles sobre la vida transcurrida en su pueblo, me habló de sus otras dos grandes aficiones: la dulzaina y la poesía. Incluso toco una pequeña melodía con una flauta de pito.
Personaje singular y muy ameno Juanito de la Fresneda.



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LUIS BUISÁN, informante de Ginuábel (Huesca)

"En el año 79 subí con mi mujer y mis hijas para que conocieran Ginuábel. Aunque el resto del pueblo estaba bastante desfigurado, la escuela se encontraba en buen estado. Estaban todos los pupitres, les enseñé a mi familia el que yo compartía con otro chico".

Uno de los grandes amigos que me ha dado mi trabajo sobre la despoblación es Luis Buisán, residente en Barcelona y originario del pueblo de Ginuábel. Persona muy culta, adelantada a su tiempo, siempre empeñado en divulgar y mostrar cosas de interés sobre su pueblo y sobre ese pedazo de tierra dentro de Sobrarbe que es La Solana. Autor de varios libros y colaborador en diversas revistas pirenaicas.
Cuando contacté con él por correo electrónico hubo un feeling inmediato que se tradujo posteriormente en encuentros en Ainsa, Ordesa y Barcelona con nuestras respectivas parejas. Una persona con una cantidad ingente de materia oral y escrita para escuchar y leer. Me estaría horas y horas escuchando a Luis, ¡lástima que vivamos tan lejos!
Orgulloso de mi amistad con Luis Buisán de Ginuábel.




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JUAN MARTÍN COLOMER Y SINFOROSA SANCHO, informantes de La Estrella (Teruel)

"Yo apenas fui a la escuela y eso que la tenía en casa. Con diez años tenía que ir de pastora con las ovejas, lo poco que aprendí a leer fue por los libros que había en casa".

¡Qué se puede decir de ellos que no se haya escrito o contado ya! Exprimidos sin compasión por los diferentes medios de comunicación, anuncios publicitarios, you tubers, blogueros, reportajes de televisión... la lista sería inacabable. El interés de ver a dos octogenarios viviendo solos en un pueblo tan recóndito y la buena disposición de ellos para recibir a todos los visitantes hizo de La Estrella un lugar de "peregrinación" a la caza de los protagonistas.
Curiosamente la primera vez que visité La Estrella, allá por los años 90 no estaban ese día en el pueblo, hecho que si ocurrió en esta segunda visita en 2019. Allí estaban sentados llenando unas garrafas en la fuente. La tarde ya estaba avanzada. Sinforosa enseguida me abrió la puerta de la iglesia (como ha hecho siempre con tantos visitantes), me enseñaron el interior de su casa (antigua hospedería), me mostraron la habitación que hacia las veces de escuela, el lugar donde se alojaban los romeros de Mosqueruela. Salimos a la calle y allí en el poyo junto a la puerta se inició una conversación de preguntas y respuestas. Yo estaba apremiado porque la noche se echaba encima y todavía me quedaba alguna foto por hacer, pero allí aguantaron estoicamente esta agradable y encantadora pareja a que yo terminara de preguntar, sin hacer ninguna alusión a que ya era hora de cenar, esperaron pacientemente a que yo diera por finalizado mi "interrogatorio".
Todos los comentarios de la gente que conoció a Martín y Sinforosa son positivos y yo me uno a ello, todo lo que hable bien de ellos sería poco.




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ANTONIO MARTÍNEZ, informante de Las Morcillas (Almería)

"Un sábado fui con mi madre a Tíjola que era día de mercado. Fuimos con la mula para comprar aceite y otros productos. Teníamos cuatro horas de camino. Salimos antes de que amaneciera y llegamos a Las Morcillas cuando ya había anochecido".

Siendo Las Morcillas un lugar tan aislado y abrupto tenía dudas de que fuera a encontrar algún nativo de esta aldea. Tras muchas indagaciones conseguí que me dieran razón de Antonio. No le encontré en un primer momento en su casa y no volvía hasta la noche. Con la incertidumbre de si iba a poder contactar con él porque ya el tiempo apremiaba, el pequeño puente del que había disfrutado por tierras almerienses se terminaba y tenía que volver para Madrid. Me presenté por la noche en su casa, le expliqué lo que quería y mostró una disposición total, pero ya la hora no era la adecuada para mantener una larga conversación, así que me emplazó a tener un encuentro en una finca cercana donde el solía pasar los días entretenido con sus cultivos. Para fatalidad mía por la mañana dieron una alerta en todos los móviles por riesgo alto de fuertes tormentas y recomendaban a la gente no salir de casa si no era necesario. Así que imaginé que no habría podido salir y espere a la tarde que ya se abrió un poco el día. Era mi última oportunidad, si no lo veía ya no tenía tiempo disponible porque esa noche regresaba a Madrid. Por suerte llegué a la finca y allí estaba. Conversación larga y distendida, se quedó un poco contrariado porque no se acordaba de en que fechas se celebraban las fiestas de Las Morcillas, le hice ver que eso era un detalle secundario después de todos los testimonios que me había aportado.
Me alegré mucho de haber contactado con Antonio porque de otra manera no habría sido posible conseguir información sobre esta escondida aldea de la Sierra de los Filabres.




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JOSÉ ANTONIO AGUDO, informante de Mendinueta (Navarra)

"Recuerdo un día que no queríamos ir a la escuela mi hermano y yo. Mi abuelo nos acompañó hasta mitad de camino y nos dio un billete de peseta para que lo gastáramos en golosinas en casa Marcos de Urroz y así nos contentamos. Cosas de niños".

Contacté con los hermanos Agudo en su taller de carpintería de Urroz Villa. Se extrañaron al principio de que una persona viniera desde Madrid a interesarse por saber cosas de un pequeño pueblo arruinado en el valle de Izagaondoa.
Tras las explicaciones pertinentes mostraron buena disposición a contarme cosas de Mendinueta aún cuando me puntualizaron que ellos solo vivieron la niñez allí y que no podrían aportar datos mucho más allá de esa etapa de sus vidas. Para ello me pusieron en contacto con su tío Manuel Agudo con el que pude mantener una larga conversación telefónica y que fue el que me "enriqueció" el reportaje del blog con sus aportaciones. Con José Antonio seguí manteniendo algún contacto por whatsapp y me invitó a ir al encuentro que hacen en Mendinueta los descendientes del pueblo para la fiesta de El Pilar. Allí nos presentamos mi mujer y yo en el 2023. Ellos quedaron encantados con nuestra visita y nosotros también con su recibimiento y buen trato. Y los años posteriores cuando iba a llegar la fiesta de octubre, el whatsapp de rigor: ¿Vais a venir? De momento no se ha podido dar la ocasión de volver, pero volveremos.




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MANUEL BIELSA, informante de Muro de Bellós (Huesca)

"Algunos jóvenes íbamos en temporadas a talar árboles al valle de Broto para así ayudar en la economía familiar".

Como siempre que me ha surgido la posibilidad de contactar con algún nonagenario he hecho todo lo posible por mantener un encuentro con él por la tremenda sabiduría y conocimientos que pueden aportar con sus testimonios. Cuanto más edad más para contar.
Gracias a la buena colaboración de su hijo y su nuera pude tener una conversación con Manuel Bielsa de casa Joaquín de Muro de Bellós.
Su hijo nos dejó solos en el salón y me dijo: a ver si te entiendes con él porque tiene muchos problemas de audición. Pero vaya que si hubo buen entendimiento. En el silencio de la estancia pudimos mantener una agradable conversación, él contestar y yo escuchar. No era hombre de testimonios muy extensos pero si cargados de mucho conocimiento. Cuando su hijo y su nuera llegaron, me preguntaron, ¿Qué tal? y dije pues yo creo que bastante bien, a tu padre le ha gustado hablar cosas de Muro.




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MARIANO CALEJERO, informante de Pardos (Zaragoza)

"Yo estuve de monaguillo algunos años y recuerdo que cuando subía Mosén Natalio a celebrar misa yo le esperaba en casa de mis tíos, él se quedaba un ratico en la lumbre calentándose, y me decía: anda Mariano vete a dar el primer toque, y yo... con más miedo que otra cosa cogía la enorme llave y para la iglesia me iba, abría la puerta y subía al coro, que era donde estaba la cuerda de la campana.
Este era el momento que más miedo pasaba, la iglesia estaba a oscuras, solo una pequeña luz roja al fondo en el altar, las escaleras para llegar al coro estaban nada más entrar a la izquierda, subía y bajaba las escaleras a tal velocidad que yo creo no llegaba a tocarlas con los pies. Ya para el segundo toque estaba más tranquilo, puesto que la tía María siempre llegaba al primer toque".


Otro de los grandes amigos que me dio la despoblación fue Mariano Calejero.
No fue el primer contacto que tuve del pueblo de Pardos (él contactó conmigo cuando ya había publicado el reportaje sobre su pueblo).
La química entre él y yo fue inmediata. Congeniamos muy bien, nos intercambiábamos whatsapp con bastante frecuencia donde nos contábamos a modo de las cartas por correspondencia de antaño de las novedades que iban sucediendo en nuestra vida cotidiana. Hubo un primer y único (por desgracia) contacto personal entre él y yo y nuestras respectivas parejas en Zaragoza. Un día como no podía ser menos, placentero y agradable donde se afianzó nuestra gran simpatía mutua. La fatalidad de una puñetera enfermedad y su temprano fallecimiento me dejó muy tocado y me privó de una amistad que se habría prolongado en el tiempo.




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DIONISIO VÁZQUEZ, informante de Tobes (Guadalajara)

"En cierta ocasión mi padre cazó una zorra, la cogimos mi amigo Pascual y yo llevándola colgada de un palo, uno delante y otro detrás a pedir el aguinaldo de las alimañas. Yo tendría alrededor de nueve años, nos fuimos al pueblo de Torre de Valdealmendras a exhibir el animal. En cada casa nos daban un producto alimenticio determinado, normalmente legumbres (garbanzos, judías, almortas). Lo obtenido lo repartimos entre Pascual y yo".

Fue tardío mi contacto con Dionisio, ya había publicado el reportaje, pero su colaboración me sirvió y de que manera para dar un salto de calidad sobresaliente en el reportaje de Tobes. Fue una extraordinaria aportación de datos, testimonios, detalles y fotografías antiguas. Muy buena conexión tuvimos Dionisio y yo. Yo estaba encantado y él aún más por poder aportar y contar cosas sobre su pueblo. Teníamos tan buena relación que el contacto personal se tenía que producir tarde o temprano. Hecho que se produjo en el verano de 2023 en su casa de Olivella (Barcelona). Nuestra relación de amistad se afianzó y a día de hoy se mantiene con contacto telefónico y donde no falta algún detalle navideño por su parte hacia mi persona. Otro de los grandes contactos de los que me enorgullezco de haber conocido.




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HERMENEGILDO MENAL, informante de Treserra (Huesca)

"Cuando me tocaba a mi ir de pastor me llevaba un libro y me sentaba en una piedra a leer. En una ocasión tan entretenido estaba que se me perdió el rebaño. Me asusté y fui corriendo a avisar a mi padre, el cual lo encontró unas horas después".

Otra enciclopedia viviente de la vida en general y de su pueblo en particular es este nonagenario nacido en un pueblo aislado de la Ribagorza de Huesca.
Muy buena química desde el principio. Le gustó sobremanera que una persona de Madrid se interesara en saber cosas de su pueblo. Se encariñó mucho conmigo y en las diversas conversaciones telefónicas que mantenemos siempre tiene algo nuevo para contar. Hasta el día de hoy siempre ha mantenido intacto el interés de volver a visitar su añorado pueblo (aunque por su edad y su delicado estado de salud es algo complicado).
Dos veces he compartido un agradabilísimo encuentro con él en Lleida (lugar a donde emigró) y espero que haya una tercera. Grande Menal.




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CELIANO GARCÍA, informante de Valdearnedo (Burgos)

"En cierta ocasión viniendo de Carcedo con el burro cargado con los garrafones de vino, mis padres me tenían dicho que no montara el animal mientras fuera cuesta arriba para no cargarle más peso, que lo hiciera cuando llegara al alto, pero al coronar la cuesta el burro salió pitando y no pude alcanzarle hasta llegar a Valdearnedo".

Cronista (no oficial) del pueblo de Valdearnedo. Persona inquieta con avidez de indagar y saber más cosas sobre el pasado de su pueblo y sobre sus raíces familiares.
Contacté con él y como no podía ser menos se puso muy contento de poder colaborar. Dos veces nos vimos en Alcobendas (Madrid) lugar donde reside y habría dado para otros dos o tres encuentros más. Sigo manteniendo contacto periódicamente con él y nos intercambiamos noticias mutuamente, muy atento siempre al reportaje del blog y encantado de saciar las dudas de los que preguntan por algún asunto en los comentarios. De los buenos informantes que se han cruzado en mi camino.




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JULIA Y MARI CARMEN FRÍAS, informantes de Velasco (Soria)

"De adolescentes íbamos a Valdenarros los domingos cuando el cura ponía una película en la iglesia. Otras veces íbamos a pasear chicos y chicas por la carretera durante un par de horas y veíamos los escasos coches que pasaban en aquellos años".

El encuentro de antiguos vecinos y descendientes en el pueblo de Velasco en el año 2022 era la ocasión propicia para recabar información sobre la vida cotidiana del pueblo en el pasado. Así que invitado por Laura García, una de las organizadoras del evento allí que nos presentamos en aquella mañana primaveral. Una treintena de personas nos damos cita en el lugar. De ellos solo cinco son nacidos en el pueblo. Así que con ellos particularmente es con los que tengo que pegar la hebra. Voy repartiendo conversaciones con todos ellos, unos aportan datos de su niñez y otros de su época más adulta. Marí Carmen se muestra entusiasta de recordar y de contar cosas, está pasando un día muy agradable, esta feliz de haber podido asistir a ese encuentro en el pueblo que la vio nacer. Como se me quedaron algunas cosas en el tintero mantengo una conversación con ella en días posteriores por vía telefónica.
Todos los asistentes pasamos un día muy ameno de confraternización rematada con una comida en un restaurante de El Burgo de Osma y yo particularmente además de haber pasado un buen día vuelvo a casa con la "mochila" repleta de testimonios orales de los antiguos habitantes de Velasco.

El Rodeche (Teruel)

A media ladera en la margen izquierda del angosto barranco que forma el río Rodeche se encuentra el pueblo del mismo nombre, en el limite fronterizo entre las provincias de Teruel y Castellón.
Era un barrio de Fuentes de Rubielos, ubicado a 690 metros de altitud. En sus buenos tiempos estuvo conformado por unas cuarenta viviendas y alrededor de 110 habitantes, superándose en número antes de la guerra.
Llegó a contar con iglesia, escuela, molino y tienda.
"Al pueblo (Fuentes) no íbamos apenas, algún asunto administrativo y poco más. Nos pillaba a dos horas de camino. Nuestros desplazamientos más habituales era a los pueblos de Olba y Puebla de Arenoso, a los que tardábamos cuarenta minutos en llegar". PILAR MONTOLIO.

Nemesio Navarro y Francisco Peiró ejercieron de alcaldes pedáneos durante años.
La luz eléctrica llegó a El Rodeche en los años 60 proveniente de los molinos de Sargantana en Puebla de Arenoso. Anteriormente a la llegada de este invento eran los candiles de petróleo los más utilizados.

"En El Rodeche no tienen agua y reparten la luz a cazos". Dicho popular.

El agua para consumo lo cogían directamente de una acequia que pasaba por medio del pueblo.
El clima era benévolo por esta zona y caían nevadas de poca envergadura. Contaban con leña de pino y de chopo para calentar la lumbre de los hogares.
Sus tierras de cultivo estaban sembradas principalmente de trigo, cebada, avena, patatas y garbanzos.
Había un molino en El Rodeche para moler el grano, tanto el que se utilizaba para elaborar el pan como el destinado a comida de los animales.
Casi todas las casas tenían horno para hacer el pan, la que no lo tenía ajustaba con algún familiar o vecino para utilizar el suyo.
Abundaban los árboles frutales y así entre otros se podía ver cerezos, ciruelos, perales, albaricoqueros o higueras.
Era costumbre matar uno o dos cerdos al año en cada casa en temporada de matanza.
La ganadería se basaba en las ovejas y las cabras.
Venían carniceros de Olba, Cortés de Arenoso, Puebla de Arenoso y Montanejos a comprar los corderos.
"Eran rebaños pequeños, de apenas veinte ovejas por casa. Cada familia sacaba sus animales a pastar". PILAR MONTOLIO.

Barranco del Agua
El Cabezo
El Cerrito
El Gramazal
El Higueral
El Hinebral
La Huerta
La Solanica
La Umbria
Las Pajesas
Las Viñas Largas
Los Arcillares
Los Bancalicos

**Son algunos topónimos de lugares comunes de El Rodeche que quedaran para siempre en el recuerdo de las gentes que habitaron el pueblo**


En El Rodeche había una pequeña tienda para abastecerse de los productos más básicos. Si querían hacer compras de más envergadura se desplazaban a Olba y a Puebla de Arenoso.
Diversos vendedores ambulantes hacían su aparición por El Rodeche como uno que venía desde San Vicente con una caballería vendiendo cosas de botiga, paños, telas...
De Lucena llegaba una mujer en coche vendiendo un poco de todo. Y Recaredo venía desde San Vicente con un camioncico comprando patatas y alubias.

El cura venía desde Fuentes, solamente daban misa en las fiestas, en las comuniones y alguna otra celebración especial. Don Ismael y don Joaquin fueron alguno de los que hicieron el desplazamiento durante años.
El médico venía desde Rubielos de Mora en coche cuando la situación lo requería.

La fiesta del Rodeche era el 18 de noviembre en honor al Sagrado Corazón de Jesús. Misa, procesión y baile en la plaza amenizado por Lucio, acordeonista de Olba, eran los actos principales.
Venían familiares y allegados desde Rubielos, Fuentes, Olba y Puebla de Arenoso.
El 17 de enero se celebraba a San Antonio Abad (San Antón).
"El día anterior se masaba el pan, era el pan volandero y se repartía junto al peirón. Era costumbre pasar las caballerías por delante del peirón donde estaba la imagen de San Antón. Se iba pidiendo la voluntad para el santo. Con los productos recogidos se subastaban el 17 y con el dinero obtenido bebían vino y mistela. Se hacia una hoguera en la plaza donde se asaban patatas". PILAR MONTOLIO.

En carnaval y algunos domingos se hacía baile a nivel local.
"En mis tiempos se hacía baile en la plaza o en el interior de la taberna algunos domingos. Los encargados de la música eran Francisco con el laúd y Melchor con la guitarra. Los hombres jugaban a la brisca o al guiñote y los niños correteando de un lado para otro". PILAR MONTOLIO.

Las gentes de El Rodeche acostumbraban a ir a las fiestas de Olba (Santo Cristo), San Vicente (Lunes de Pascua) y Puebla de Arenoso (San Mateo).

La despoblación llegó más tarde que en otros lugares pero hizo su aparición. La lejanía de todo, la ausencia del médico, el cierre de la escuela y las ganas de buscar otro medio de vida menos sacrificado hizo que los vecinos de El Rodeche fueran tomando el camino de la emigración.
La mayor parte de la gente del pueblo se fueron a Barcelona y Castellón. Alguna familia lo hizo a Rubielos y otras a La Monzona y Los Cantos, barrios de Puebla de Arenoso (Castellón).
Isabel Bertolín y su hija Pilar fueron las últimas de El Rodeche. Se marcharon a Rubielos de Mora cuando la década de los 70 estaba a punto de finalizar.
A los pocos años empezaron a instalarse neo rurales en el pueblo en buen número, la mayoría de ellos ocupando las casas de manera ilegal, lo que fue motivo de numerosas disputas con la gente autóctona de El Rodeche que seguían yendo a trabajar las tierras. En la actualidad son tres personas las que viven de manera permanente y alguno más lo hace de forma ocasional.

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Visita realizada en mayo de 2026 en compañía de Pilar, Miguel, Miquel, Elisenda y Lorenza.

Informante: Pilar Montolio. Vecina de El Rodeche hasta que cumplió 14 años (Conversación personal mantenida en el mismo pueblo).

Punto y aparte. Seis personas repartidas en dos vehículos todo- terreno rompemos la quietud y el ensimismamiento en que se haya instalado El Rodeche y los parajes cercanos. Llegamos cuando ya el calor está empezando a hacer su aparición. Salvo una fugaz visión desde lo alto del barranco, el pueblo no se ve prácticamente hasta que no llegas a sus muros. Pilar, como nativa del pueblo y Miguel como extraordinario conocedor de todos los parajes de Fuentes de Rubielos pronto toman la batuta explicando lo que vamos viendo. Los demás nos dedicamos a contemplar y escuchar.
El Rodeche está muy tomado por la vegetación y en algunos tramos un estrecho sendero es el que permite el paso. Mucha edificación caída y alguna que otra en buen estado van apareciendo al paso. Enseguida nos topamos con un neo rural que está haciendo trabajos de forja en un taller improvisado. Multitud de cacharros, enseres y herramientas afean un poco el lugar. Saludos de rigor y explicaciones sobre nuestra llegada y acto seguido continuamos transitando por el pueblo. Pilar dice de bajar al molino, situado junto al río. Así lo hacemos, en tres minutos nos plantamos ante el edificio molinar y sus dependencias, previo paso por la balsa donde se almacenaba el agua para hacer funcionar el molino. Pasamos junto a la casa del molinero, en ruina total, fijándose un poco se acierta a ver la boca del horno y poco más. Llegamos hasta el río. Lleva bastante agua pero la vegetación le ha ganado terreno y está todo muy enmarañado. Saltando entre piedras cruzamos a la otra orilla. Estamos ya en la provincia de Castellón. Aún visible en el suelo restos de la cadena que utilizaban para cruzar de un lado a otro. No nos podemos mover mucho más por la abundante vegetación así que cruzamos al otro lado. Estamos nuevamente en Teruel. Vemos el molino, prácticamente caído, solo parte de la fachada frontal sobrevive, además del cárcavo.
Subimos nuevamente para el entramado urbano del pueblo y nos encontramos con un segundo neo rural de origen extranjero. Conversación frugal y seguimos conociendo rincones y edificios del pueblo. Pilar y Miguel disfrutando, nos van explicando las diferentes edificaciones y su uso o quien vivía en alguna de las casas. Muchas de ellas ya son un amasijo de escombros, otras apenas mantienen una pared en pie. Llegamos a la parte principal del pueblo, donde se encuentra alguna vivienda en buen estado, habitada por las gentes venidas de fuera, contemplamos también la escuela al exterior. Pasaría por una casa más si Pilar no nos hubiera indicado que era el edificio escolar. Enfrente el peirón de San Antón con una pequeña talla del santo en su interior. Por detrás la iglesia, desmochada del tejado, pero con las cuatro paredes en pie. Nada en su interior. El entorno cada vez se hace más selvático y dificulta el moverse fuera del sendero marcado. Llegamos ante el último grupo de casas, en buen estado. Echamos un rato de conversación y de explicaciones en la era y ya llega un momento en que no podemos continuar más. Desandamos el camino, contemplando lo que ya habíamos visto pero a la inversa. Pilar nos guarda una última sorpresa y entramos a ver un cubo (lagar) de su propiedad que está en buen estado. Nos lo enseña y nos explica como elaboraban el vino.
La visita a El Rodeche toca a su fin. El calor ya va apretando y además queremos ver otra aldea. Vamos subiendo el pequeño repecho hacía donde están los vehículos. Ultimas impresiones en grupo. En mis pensamientos me llevo una sensación agridulce porque he llegado muy tarde a conocer este lugar. Un pueblo que fue de buen tamaño con la belleza que ello supondría en sus calles, edificios y rincones. Hoy día es una sombra de lo que fue.


Entrando a El Rodeche.




Cubo. Edificio destinado a producir el vino.
"Había cuatro cubos en El Rodeche, después de la filoxera había poca uva, la que había en las parras y poco más. Las juntaban las de varios para hacer el vino y luego una vez elaborado lo repartían según los kilos que hubiera aportado cada vecino". PILAR MONTOLIO.



La casa de Andrés Montolio y María, conocida como la masía El Pozo. Tuvieron cuatro hijos: Luis, Pilar, Carmen y Hermelinda.
"Mis padres no era ninguno nacido en El Rodeche. Él era de La Mateba, una masía de Cortés de Arenoso (Castellón) y ella era de Los Peirós, masía de Olba. En los años del maquis (últimos de los cuarenta y primeros de los cincuenta) no dejaban a nadie de las masías que pernoctaran en sus casas, podían hacer las faenas por el día pero luego por la noche tenían que entregar las llaves de las casas para que no hubiera posibilidad de dar cobijo a los guerrilleros. Los masoveros tenían que irse a dormir al pueblo. Mis padres viendo que aquello no era plan para vivir decidieron comprar esta casa en El Rodeche en los años 50. Quizá era la casa más grande del pueblo si se contaba las diferentes edificaciones auxiliares junto a la vivienda.
En el año 73 ya mis padres decidieron que la vida en El Rodeche se había agotado, no daba más de si las condiciones para seguir viviendo en el pueblo. Previamente habían emigrado a Barcelona pero a mi padre no le gustó nada aquello y decidieron volver a El Rodeche. Pero ya tomaron la determinación de marchar, también mirando por el futuro nuestro de poder estudiar y eligieron Rubielos de Mora para empezar una nueva vida. Mi padre con el tractor seguía acudiendo al Rodeche a trabajar las tierras. Cuando nos fuimos aún quedaban cinco casas abiertas, que aguantaron unos años más". PILAR MONTOLIO.




El lavadero. Se abastecía de agua de la acequia. Aquí venían a lavar todas las mujeres del pueblo.



Vivienda con patio delantero. Todas las casas tenían una tipología muy parecida: dos plantas más granero.



Calle de El Rodeche.




Confluencia de calles. Pajar.




Calle de El Rodeche.




Viviendas.




La escuela de El Rodeche, situada en la planta baja, arriba era la vivienda de la maestra, a la que se accedía por la puerta lateral.
"En mis tiempos íbamos una quincena de alumnos. Por aquí pasaron doña Rosita, era de Pedreguer (Alicante). Se casó con uno del pueblo, Nemesio y al cabo de unos años se fueron para Alicante. Estuvo doña Tomasa que era de Albacete y vivía de patrona en casa de la tía Emilia. Luego vino doña Nieves que vivía en mi casa y la última que hubo en el pueblo fue doña Carmen, que era de Cullera (Valencia), vino con su madre. Ellas si vivieron en la casa destinada a maestra.
La escuela se cerró en el año 68 cuando quedaban cuatro alumnos: Ismael, Paco y mis hermanas Carmen y Hermelinda. A mis hermanas les tocó ir a la escuela hogar de Lucena del Cid. Estaban allí de lunes a viernes". PILAR MONTOLIO.




La casa del tío Manuel.
"Antiguamente hubo aquí una pequeña tienda donde se vendían bebidas más que nada, pero yo no la conocí abierta". PILAR MONTOLIO.



El peirón de San Antón y por detrás la iglesia.
"Cada noche se encendía una vela en su interior, una familia cada mes se encargaba de ello. Había un canto sarcástico cuando se pasaba por aquí que decía: esta es la calle del horno donde las mujeres masan, cuando a unas les viene a otras se les pasa". PILAR MONTOLIO.



La iglesia de El Rodeche. La plaza del pueblo delante.




La casa de Manuel, natural de San Vicente (Castellón) y Mercedes. Se marcharon al mismo San Vicente.



La casa de Francisco y Simona. Era la taberna- tienda del pueblo. Se marcharon a Castellón.



Edificación en ruinas.




La balsa del molino.




El molino de El Rodeche.
"En el año 65 se lo compró mi padre al anterior propietario. Lo estuvo llevando durante unos años. Venía gente de las masías cercanas, de Las Clochas y de Fuentes a moler, pero ya cada vez iba a menos porque había emigrado mucha gente". PILAR MONTOLIO.



La casa del molino. Tomás Pastor y su familia fueron los últimos que la habitaron. Se fueron a Teruel.



El río Rodeche a su paso por el pueblo. Hacia de divisoria entre las provincias de Teruel y Castellón. Se cogían truchas, barbos y cangrejos. Los niños tenían buenas pozas donde se bañaban.